Desde Cajabamba, Perú

Lorena web

Por Lorena Gómez Antequera, voluntaria de ONGAWA en Cajabamba (Perú)

 

 

María Elena en su chacra de quinua orgánica

María Elena en su chacra de quinua orgánica, el día que se hizo la siembra.

La primera vez que vi a María Elena ya intuí la fortaleza de aquella mujer, sus ojos de un verde tan intenso como el valle que le rodea, desprenden sabiduría, tranquilidad y energía, de esa clase de energía que se contagia.  Nos recibió en la puerta de su casa con un cálido saludo invitándonos a pasar a su hogar. Nos sentamos y empezamos a charlar de cómo iba la cosecha de quinua, de las lluvias tardías que se estaban haciendo de rogar, que estando ya a finales del mes de Febrero apenas había caído una gota… pasaron unos minutos y María Elena se percató de que salvo a Fredy (el compañero del socio local CEDEPAS) no nos conocía al equipo de ONGAWA aún, con lo que inmediatamente se puso en pie, se adecentó la falda y la camisa y comenzó su discurso: “Me llamo María Elena y soy la presidenta de una asociación que lleva trabajando desde el año 2008 para mejorar los ingresos de la población rural de esta zona de Cajabamba…..” su pequeño discurso de apenas 2 minutos me dejó con la boca abierta y los ojos cargados de admiración. Quise levantarme a darle un abrazo, los que me conocen saben que soy muy de abrazos, pero conteniendo mis impulsos me mantuve en mi sitio, observando la escena mientras mis compañeros conversaban con ella. En ese momento de espectadora, me sentí llena de gozo, sentí ese escalofrío de felicidad que recorre el cuerpo cuando sabes que estás dónde y cómo quieres estar, y fue allí donde supe también que aprendería grandes cosas de esta experiencia, lo que no imaginaba es cuánto, porque además todas esas sensaciones las tuve exactamente a los treinta minutos de mi primer día en Cajabamba, que es la distancia que separa la ciudad donde vivo del caserío donde reside María Elena.

El proyecto que ONGAWA está llevando en la provincia de Cajabamba, ayudará a las asociaciones  como la de María Elena a mejorar la producción de quinua orgánica a través de las TICs.  Entre otras cosas se les está capacitando en ofimática básica para que ellos puedan tener recursos para acceder a los mercados, para determinar sus costos de producción y para empezar a disminuir esa brecha de género en cuanto al acceso a las tecnologías, sobre todo en las zonas rurales.  El primer taller de computación fue un rotundo éxito. Si bien es complicado y tienes que armarte de mucha paciencia para enseñarle a usar un ordenador a alguien que jamás ha cogido un ratón,  sus ganas de aprender y la ilusión de saber que les va a ser muy útil en un futuro hizo que todo fuera fenomenal. Nuestros alumnos y alumnas pronto  perdieron el temor a lo desconocido, ese que tenemos todos cuando nos enfrentamos algo nuevo, y conforme avanzaba el taller sus caras reflejaban satisfacción  y emoción de ver que podían seguir perfectamente las indicaciones de Dilmer Velasquez, del equipo de ONGAWA aquí en Cajabamba.

María Elena con su marido en el taller  de capacitación de ofimática

María Elena con su marido en el taller de capacitación de ofimática

Aquel día fue agotador pero lo recuerdo con mucha alegría, por ver a mujeres  con ganas  de aprender y aspiraciones de tener un futuro mejor para ella y sus hijos, de sentir su fuerza y su ilusión, alegría de poder ser partícipe de acabar con ese miedo a la tecnología que ellas sienten, de hacerles comprender que sí pueden, que en realidad pueden hacer cualquier cosa que se propongan.

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Participante en el primer taller de capacitación de ofimática de productores y productoras de quinua orgánica de la provincia de Cajabamba (junio 2016)

 

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Mi viaje a terreno

Isabel García de la Cruz estudiante del Grado en Ingeniería de Tecnologías y Servicios de Telecomunicación de la UPM y voluntaria de #GlobalChallenge

Escuché hablar de realizar el Trabajo Fin de Grado (TFG) en cooperación por primera vez en un curso de ONGAWA que ofertaban en la Universidad Politécnica de Madrid. Nos contaron que algún@s compañer@s suyos lo habían realizado y que, aunque era difícil que te seleccionaran, no imposible. Por ello, se convirtió en mi objetivo. Me gustaba la rama más social de la tecnología que es implementar herramientas TIC en un contexto social adecuado a las características de las personas.

Y así fue, dos años después estaba yéndome a Lima dejando a amigas y familia en el aeropuerto para empezar la aventura de Perú donde realizaría mi TFG con ONGAWA. Estuve una noche en Lima y al día siguiente me embarqué hacia la región de Huancavelica, donde estaba mi destino final, Anco. Un distrito muy pequeño de la región andina del Perú con aproximadamente 6.000 habitantes. Mi TFG iba a consistir en realizar una documentación y un análisis de sostenibilidad de una herramienta TIC que había sido instalada en Anco para llevar a cabo un monitoreo de la calidad del agua a través de SMS.

Aquí trabajo con los desarrolladores del sistema para su documentación y con las comunidades del distrito de Anco para su correcta implantación en la sociedad y después hacer el análisis de sostenibilidad. La parte técnica del sistema la he disfrutado y he podido aprender muchísimo, sin embargo, lo que me llevo de la experiencia es el trabajo en comunidad. He valorado cada instante y detalle que me han regalado. Ha sido muy valioso ir a los talleres, despertarme a las 4 de la mañana para subir a comunidades y ver que el ritmo en estas zonas es diferente. No tienen prisa y hay que aprender que no podemos ser locomotoras y adaptarse al ritmo.

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Me llevo a Serafina, presidenta de la comunidad de Pampaspata, quien sale en la fotografía y también quien me ha hecho sentir como en casa cada vez que subía a su comunidad, aproximadamente a 3.000 metros de altitud. Me llevo a cada persona de los talleres, a las madres que acudían con sus hijos e hijas, a esos niños y niñas que me miraban como la gringa (extranjera) que soy para ellos y ellas y que me saludaban con un “hello” porque pensaba que no hablaba su idioma. La vida en estas comunidades es increíble y está llena de sabiduría. Tienen unos índices de pobreza muy altos, sin embargo, tienen mucha riqueza en cultura y costumbres que realmente admiro. No beben agua de calidad pero está empezando a haber cambios y se espera que a medio o largo plazo, los cambios lleguen a asentarse.

La experiencia está siendo muy enriquecedora, aún me queda mes y medio en el que voy a dar apoyo en más proyectos que se desarrollan en Anco, como un curso de alfabetización digital o la documentación de más herramientas TIC. El tiempo pasa demasiado rápido y hay que aprovecharlo al máximo.

LA SOLEDAD DEL MZUNGU

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Iván Marquina, voluntario del Programa de voluntariado institucional de empleados públicos de Castilla y León

 

Mzungu no significa solo hombre blanco, vale para cualquier extranjero, y su sentido último es referirse a aquel“que viaja siempre, que va de un lado a otro en solitario, que no se está quieto en ningún lugar” *.

Llevaba unas semanas nervioso, pendiente de dejar todo bien atado: seguro médico, planning de voluntariado,  cambio de moneda…  y que no faltara de nada en mi equipaje: camiseta de manga larga, batería de repuesto, trípode, crema de sol,…

Pero en  cuanto llegué al aeropuerto de Dar es Salaam y me di cuenta deque mis maletas no habían llegado, no pude sino sonreírme,y entonces me relajé.

Los africanos están preparados para lo imprevisto y acostumbrados a lo inesperado. En esto son diferentes de los blancos, que en gran medida se esfuerzan en precaverse contra lo desconocido y de los asaltos del destino”**

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¿Qué dicen esas miradas?

Al poco me adentré en la cantinela de saludos y contrarréplicas existentes: “Habari?” “Nzuri”.Un mantra dotado de diversas variantes: “Mambo?” “Poa”, que inicialmente no entendía: ”Salama?”, “Safi” y que, intercambiables, parecían no tener fin, enlazándose unos con otros: “Hujambo?”, “Sijambo”, al menos que uno tuviera la voluntad de romper la letanía.

Venia cargado de una mochila llena de juegos: canicas, cartas, damas, tizas, bolos,… que me permitieran superar fácilmente la barrera lingüística y entrar en contacto con la gente a través del juego.  Aunque no contaba con las dificultades que determinados colectivos presentan para encarar juegos donde la suma es necesaria, la idea ha funcionado.

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Niños volcados con el juego de “el Triángulo” con canicas.

El primer día que fui a las aldeas entendí porqué me decían que “iba  a ser la jirafa”, desde todos los lados se me veía. Algún niño incluso se echaba a llorar al verme, y nadie perdía la oportunidad de llamar mi atención: “mzungu”.

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Todos esos niños iban a estar mirándome en breve

Era un lujo para mi poder conocer de primera mano, gracias a ONGAWA, la vida de una comunidad mediante la grabación de  entrevistas a sus principales agentes, encargados de la gestión del agua, de los bosques, de promover alternativas económicas en la zona (jengibre, mariposas)….

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Asistencia a una asamblea

Estas comunidades están  alejadas dos horas en todo terreno de la población cabecera del distrito, y que tienen unos servicios “básicos” de educación y sanidad, a razón de 80 niños por aula y un hospital carente de equipamiento alguno. La pobreza no se ve, se presiente.

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Entrevista a un usuario de los proyectos de agua y saneamiento

Y te preguntas cómo es posible que coexista con ese lodge costero, paraíso terrenal de  aquel que posee dinero suficiente para pagarlo:  mzungus.  Y te enzarzas, con tanzanos angloparlantes, en conversaciones que te llevan a un callejón sin salida, preguntándote como es posible que por el precio al que pagas un aguacate en España aquí puedes hacerte con más de dos kilos. Y acabas cuestionándote para qué sirve todo esto, y tratas de pensar que sirve para algo…

Si acaso la colonización ha terminado, Tanzania pasó a ser independiente en 1961, la globalización económica sigue haciendo estragos a favor de los poderosos.

Los supermercados están vacíos, y los pocos productos manufacturados son caros, de fuera y  de muy poca calidad. Los mercados son más coloridos, pero ofrecen lo que ofrecen.  La tortilla españolatanzana, la chipsi mayai, viene a mi auxilio cuando ya no me entra más arroz y no puedo con el ugali.  Un paquete de espaguetis es lo más a lo que puedo aspirar y le pongo plátano a todo.

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Ugali, con col y carne

En fin,  vagaba yo una noche sin rumbo, “perdida la capacidad de estarse quieto y debiendo aprender en silencio de la vida salvaje antes de que esta me aceptase”**, fui atraído por los taxistas a sentarme con ellos y rápido el juego surgió. Decidí entonces invitarlos a tomar una cerveza para no estar solo viendo el concierto que escuchaba.

Manteníamos  una interesante discusión sobre ser blanco o negro, distorsionada  por los decibelios del local  y tres Serengueti de medio litro,  cuando  el más alto, de origen masai, se acerco a mí y me dijo: “No te preocupes, para mí no eres un mzungu, eres Iván”.

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Iván dando una clase de fotografía

Cuando me llevó a casa decidió no cobrarme, desconozco si tenía oscuros intereses futuros, pero consiguió que dejara de sentirme solo como mzungu, aunque fuera por un momento.

LECTURAS

*”El sueño de África”, Javier Reverte.

** “Memorias de África”, Karen Blixen.

Yaku en el Mundo Andino

Virginia Mielgo, voluntaria en Anco (Perú) en 2015

Foto 1 VMIDicen que el agua (Yaku en Quechua) es la vena del mundo, porque conecta los tres mundos: el de arriba o Qanaq Pacha, el de aquí o Kay Pacha, y el de abajo o Uku Pacha: eje fundamental de la cosmovisión andina.

El dios Yaku pertenece al Uku Pacha y está presente en el mundo en los tres estados: sólido, líquido y gaseoso, y en su ciclo fluye desde el cielo, el aire, hacia la tierra, los seres vivos, los ríos, para volver a subir a las nubes, y así nunca descansar. El agua, con la ayuda del Sol y la Luna (deidades Inti y Quilla que pertenecen al Qanaq Pacha), es el motor del mundo y permite la vida en él.

Desde los tiempos preincas, los cerros o Apus, que pertenecen al Kay Pacha, simbolizan la divinidad de la tierra. Suelen ser grandes montañas en cuyas cimas hay nieves perpetuas o de las que mana agua en abundancia. El cóndor, el puma y la serpiente son también grandes dioses para estas culturas politeístas, cada uno de ellos representando a los mundos de arriba, medio y de abajo, respectivamente.

No es, pues, de extrañar que adoraran todo lo relacionado con la naturaleza, igual que lo hicieron muchos de nuestros antepasados precristianos. Los colonizadores intentaron con esmero acabar con los cultos paganos que encontraron por millares, entre otras cosas, plantando cruces en lo alto de los Apus o iglesias en los centros de reunión o de adoración. Muchos de los saberes que habían desarrollado las culturas preincaicas, repartidas por el territorio peruano, y que fueron unificados por los Incas se han perdido en la historia, pero otros muchos se mantienen y siguen siendo parte del día a día de los peruanos.

Así como los Incas, las comunidades campesinas de Huancavelica viven de la agricultura y la ganadería que dependen principalmente del clima: las lluvias, los vientos, las heladas, el agua. Cada año, durante la época de siembra, se hacen “pagapos” a la Pachamama pidiendo a los Apus que no se sequen los manantiales a través de cánticos y ofrendas.

Uno de los primeros retos cuando se trabaja con las comunidades altoandinas (y muchas otras) es encajar la multiculturalidad. El enfoque multicultural te obliga a olvidarte de tus percepciones aprehendidas para sumergirte en el mar de mitos que conforman el mundo andino. En conclusión, agua o naturaleza son conceptos que no llegan a reunir todo lo que para los habitantes de los Andes significa Yaku o Pachamama.

Anco es un distrito situado en la provincia de Churcampa, región de Huancavelica que, junto con Apurimac, recogen a la población más humilde del Perú. El distrito lo habitan unas 6.600 personas, de las cuales aproximadamente 1.000 viven en entorno urbano y las restantes en entorno rural. Las políticas públicas, por muchas razones, no llegan como deberían a estas comunidades aisladas. A algunas de ellas tampoco llegan carreteras o servicios básicos como saneamiento y salud.

Como parte del proyecto “Gestión y conservación de recursos naturales en la Subcuenca de Manzanayocc, a través del fortalecimiento institucional y la protección ambiental”, vine para apoyar en la actividad de cloración, que consistía en instalar sistemas de cloración en tres de los doce sistemas de agua potable existentes en la subcuenca, para la mejora de la calidad del agua.

Principalmente, me tocó trabajar con las JASS (Juntas de Administración de Servicios de Saneamiento) que son cargos ad-honorem que gestionan el agua a nivel local. En este sentido, las comunidades son un ejemplo de autogestión y convivencia. Nos encontramos personas con muchísimo interés en proteger su agua pero también faltos de información. ¿Qué es el cloro? ¿Qué es el arsénico? ¿Por qué nuestras madres, padres, abuelas y abuelos han bebido nuestra agua durante toda su vida sin enfermar?

Estas dudas perfectamente razonadas nos obligaron a plantearnos todas estas cuestiones antes de asumir una determinada posición. Nos dimos cuenta de la importancia de transmitir, desde las ONGs, una información fiable y unificada que hablara siempre de “cloración responsable”, ya que no resulta fácil para ellos y ellas contrastar información. El acceso a internet es inexistente en las comunidades y, aunque la educación mejora día a día, el analfabetismo es una realidad que sigue siendo alarmante, afectando principalmente a las mujeres. Estas últimas tienen una relación directa con el agua, son las que preparan los alimentos, se encargan de la higiene de los niños y niñas y de la casa. Los hombres, por otro lado, tienen una visión del agua desde el rol productivo y comunitario: el agua para riego, para participar en faenas, para fabricar adobes… Sin embargo, el control del recurso está únicamente en manos de hombres, que son los que tradicionalmente tienen acceso a los puestos de responsabilidad en las organizacion es de la sociedad civil.

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Teniendo en cuenta el enfoque intercultural, de derechos humanos, de género y apoyándonos en experiencias de otras ONGs y organismos que trabajaron la temática de cloración en zonas andinas, elegimos el Sistema de Cloración por Goteo. Este sistema se adapta al tamaño de las comunidades, a la calidad de su agua y es perfectamente replicable. Los materiales y accesorios para construirlo se pueden encontrar en prácticamente todos los lugares del mundo, su costo es razonable y su operación y mantenimiento sencillos.

Trabajamos juntamente con la ATMS (Área Técnica Municipal de Saneamiento) y ya estamos viendo con mucha satisfacción que están replicando tanto los sistemas de cloración como las herramientas de gestión que ONGAWA junto con la Asociación Servicios Educativos Rurales – SER (contraparte local) han estado trabajando durante toda la ejecución del proyecto.

Personalmente, me llevo un aprendizaje intensivo de 7 meses. Estoy feliz de las personas con las que me he encontrado y de haber tenido la oportunidad de conocer este precioso rincón de la Tierra. Me iré convencida de que este tipo de experiencias ayudan a relativizar, a no perder la perspectiva y a recordarnos que, casi siempre, son los que menos tienen los más solidarios y generosos.

Espero seguir aprendiendo y trabajando

Marta Calzado, voluntaria y socia de ONGAWA.

Llevo aquí  ya cuatro meses, la gente me decía antes de venir; ya verás que rápido pasa el tiempo y no estaban equivocados; parece tan cercano  ese primer día en el que aterrizaba en Nicaragua con mucha ganas e ilusión de colaborar un proyecto como este, una de los grandes sueños y metas  de mi vida.

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Desde que he llegado he estado trabajando en San Juan, una pequeña Comunidad con apenas recursos.  Mi trabajo ha estado centrado principalmente, en colaborar con los maestros y niños de la escuela.

Niños  que trabajan con tanta ilusión en todas las actividades que les proponemos sin poner pega ninguna y  que lo primero que hacen cuando has terminado alguna reunión o actividad con ellos es que preguntarte con esa gran sonrisa en la cara  ¿profe cuando volvemos a  quedar?

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Estos valores ya perdidos  en las escuelas de hoy en día dónde lo único que  piensan es en no ir a clase y en acabar cuanto antes;  sin  valorar el trabajo realizado por los maestros o  las persona que limpian o mantienen la escuela .Si solo por un instante miraran la realidad de otras personas que ni siquiera tienen agua limpia para beber en la escuela y a los que no les importa coger un trapo o una escoba  para limpiar su escuela ;  si vieran esto , se darían cuenta de lo afortunados que son, por nacer dónde han nacido y quizá se conseguiría que algunos de ellos lucharan porque todas las personas tuvieran acceso al agua y al saneamiento.

Además de trabajar con los alumnos y maestros he compartido muchos momentos con otras personas de las comunidades, de las ciudades y compañeros de trabajo para los que soy la “chelita”. Se ponen los pelos de punta el haber recibido tanta amabilidad, calidez de la gente de este país. Por mala pata me caí y tuve un esguince y nunca se me olvidara como la mujer del refugio se paso todo el día conmigo para que no estuviera sola o ver como otra persona de la comunidad se acerco a su casa a varios kilómetros de distancia para  traerme una crema además de ofrecerse  a acompañarme a mi casa. Eso si es solidaridad¡¡uno de los grandes  valores que estoy aprendiendo viviendo aca.

Espero de aquí a mi vuelta seguir trabajando  y aprendiendo  de este país que tanto me está ofreciendo y por supuesto seguir colaborando por cambiar las realidades de otras personas compartiendo mi experiencia.

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Seis meses

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Seis meses lejos de todo y de todos.

África espera del lado perdido

para el que llega buscando un camino

puro y agreste que luce sin focos.

Seis meses cerca del barro y del lodo

para entender cuáles son los motivos

que hacen del mundo un lugar sin sentido.

Unos con tanto y otros tan poco.

Cada momento remueve conciencias.

Surge del fondo un impulso de cambio

que arde al fuego de esta experiencia.

Cuando me marche de nuevo al palacio

quiero sereno seguir con paciencia:

yendo a lo bueno es igual ir despacio.

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Gracias de corazón a todos los que con su apoyo han hecho posible  que viviera esta aventura.

Nashukuru Tanzania na Watanzania. Tutaonana karibuni.

No solo de pan vive el hombre

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Mujeres caminando cerca de Lugulu, en las montañas Pare

Hapa kazi tu, Aquí solo se trabaja. Este es el lema del nuevo presidente de Tanzania desde las elecciones de octubre, de las que siempre guardaré un grato recuerdo por haber vivido un lanzamiento de gas lacrimógeno mientras realizaba el siempre subversivo acto de comprar pan en una tienda. Y no le falta razón. En Tanzania se trabaja mucho, dentro y fuera del trabajo, porque la vida aquí es dura de pelar. No digamos ya si eres una mujer, auténticas heroínas cargando leña, agua y niños, cuidando el huerto, cocinando y lavando la ropa de toda la familia a mano. Y por si fuera poco, lo más difícil de cargar es lo que nunca se quitan de encima, la sonrisa de oreja a oreja.

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Mujeres lavando la ropa en un río cerca de Kanza, en las montañas Pare

Como yo no estoy al nivel de estas guerreras, además de trabajar tengo ratos libres, y durante mi estancia en Tanzania estoy conociendo lugares maravillosos. Los que me conocen bien saben que el motivo para venir a África no era viajar. Ni tampoco búsqueda de aventuras exóticas. Y mucho menos hacer turismo. Aunque todo eso llega, tarde o temprano, viviendo una temporada por aquí  y moviéndote en un entorno de no-africanos. Nunca me he sentido cómodo como turista pero es que aquí ha sido especialmente desagradable serlo.

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Casa en construcción en Kanza, en las motañas Pare

¿A qué me refiero? Mi día a día es muy parecido al de un tanzano de clase media-alta. Vivo en una casa decente, con agua cerca y con gas para cocinar. No tengo coche, por lo que me muevo casi siempre a pié o en bus. Mi compra principal la hago en el mercado dominical aunque puedo permitirme lujos como la leche o el agua embotellada. Pero un buen día cruzas una puerta y sales de este ambiente para hacerte turista. Piscinas, comidas occidentales, duchas de agua caliente, todo lleno de extranjeros. Y al otro lado de la valla la vida real del país. Nunca había vivido tanto contraste en tan poca distancia.

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Elefantes en el Parque Nacional de Tarangire

Si uno quiere conocer los Parques Nacionales de Tanzania, hay pocas alternativas, debes contactar con una agencia y pasar por el aro del turismo de alto nivel.  Es el peaje. Pero  conocer estos paraísos naturales merece mucho la pena. He tenido la suerte de poder visitar tres de ellos: Tarangire, Ngoro Ngoro y Mkomazi. Paisajes que cortan la respiración donde palpar la pureza de la vida salvaje en todo su esplendor. Sentir que eres un mero invitado en territorio animal. Increíble.

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León joven oteando el horizonte en la Zona de Conservación de Ngoro Ngoro

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Vista de la sabana del Parque Nacional de Mkomazi

Pero no todo son safaris, y para conocer el resto de secretos de Tanzania hay otras vías. Así, manejando lo justo de Swahili y con muchas ganas de divertirse, se puede viajar a nivel local. Buses en los que eres el único extranjero,  y que nunca están lo suficientemente llenos, para llegar a lugares perdidos. Y allí negociar con los taxistas para llegar a donde los buses no llegan. Puede que no llegues a la hora esperada. Incluso puede que no llegues al sitio esperado. Pero todo el viaje será una bonita mezcla de risas, malentendidos y cultura africana. De este modo he conocido el lago Nyumba ya Mungu o las playas de Pangani.

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Estrella de mar prestada del fondo del océano Índico, en Pangani

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Pescadores saliendo a fanear durante el amanecer en Pangani

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Barco de vela llegando a un banco de arena en Pangani

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Niños a orillas del lago Nyumba ya Mungu

También en el trabajo tengo que lidiar con el turismo. ONGAWA está implantando en esta zona el proyecto Sustainable management of Chome Nature Reserve. Como ya comenté hace tiempo, Chome es un bosque húmedo catalogado como reserva natural en el corazón de las montañas Pare. Se encuentra verdaderamente amenazado debido a las actividades que realizan las comunidades colindantes para su sustento, tales como la  minería o la tala de árboles. Por ello se están dando alternativas de ingreso económico, y entre ellas está la de fomentar un turismo sostenible y que involucre a las comunidades. Para llevarlo a cabo se está construyendo una pequeña oficina que sirva para recibir visitantes, financiada por ONGAWA y cuyas obras estoy ayudando a supervisar.

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Trabajo en la obra del nuevo centro de visitantes de la reserva natural de Chome

Hace poco pude conocer desde dentro la reserva de Chome. La falta de turismo, que se quiere combatir, hace que sea un lugar extremadamente virgen. Árboles centenarios se enredan en un bosque frondoso donde solo se escucha el crujir de ramas bajo tus pasos o el cantar de algún pájaro exótico. Cada bocanada parece quitarte años de encima, como si el bosque quisiera agradecerte la visita regalándote un poco de su vigor. Nunca había estado en un sitio tan intacto ni respirado un aire tan puro. Ojalá más y más gente pueda conocer este lugar, respetarlo y conservarlo. Porque Chome rezuma pureza y exuberancia por todos sus costados, llevando el espíritu de las montañas Pare a su máxima expresión.

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Seta en el lecho del bosque de la reserva de Chome

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Vista del interior del bosque húmedo de la reserva de Chome

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Vistas desde el pico Shengena, dentro de la reserva de Chome, el punto más alto de las montañas Pare