CHANGAMOTOS EVERYWHERE

Miquel Escoto, voluntario y socio de ONGAWA.

Una de las primeras palabras que aprendí en Swahili nada más pisar Tanzania es Changamoto. La pronunció Mr. Wella, acompañándola cómo no, de esa enigmática sonrisa con la que se suelen terminar las frases en este país. Muchos changamotos en Malinyi, repetía…

Lo que el representante de ONGAWA en Tanzania intentaba decirme es que el proyecto que iba a visitar estaba lleno de retos y desafíos. Y que les estaba trayendo muchos quebraderos de cabeza…

Si ubicar Malinyi en un mapa ya es todo un reto y si llegar hasta allí es toda una odisea, trabajar aquí no podría ser menos. Y mis primeros días en terreno están dándole la razón a Mr. Wella.

En Biro, en el distrito de Malinyi, estamos inmersos en el primer proyecto puramente energético coordinado por ONGAWA con el que vamos a generar electricidad a partir de la cascarilla de arroz y distribuirla por la aldea para uso productivo y domiciliario. Todo un súper reto ya desde su planteamiento, tanto tecnológico como de gestión porque trabajamos junto con la ONG tanzana TaTEDO y Husk Power System, una empresa india pionera en este tipo de instalaciones, nuevos compañeros de viaje.

momento_tractorY efectivamente, aparecen changamotos por todos lados. Solo estando aquí te das cuentas de innumerables dificultades que en nuestro país quedarían resueltas sin levantarse de la silla (con una consulta en la web, alguna llamada o un correo electrónico) y que aquí requieren de arduas negociaciones e ingeniosas soluciones. Por ejemplo, el martes salimos
de la oficina con la misión de buscar una puerta para el cerramiento de la planta. Seis horas y muchísimas anécdotas después, disfrutábamos de un divertido viaje en tractor hacia Mchangani, cargados con un buen lote de tubos y mallas de acero. Tras horas pateando Malinyi y después de interminables discusiones, tuvimos que literalmente asaltar un tractor que se pasó a nuestro lado para poder entregar nuestras adquisiciones a un soldador de confianza.

elyAfortunadamente aquí tenemos a Ely, la coordinadora del proyecto, que remueve cielos y mares para que esto salga adelante. Valiente, decidida y optimista, ¡no hay changamoto que se le resista! Es un lujo para ONGAWA tenerla entre el equipo. Y también para los que visitamos esta región porque nos cuida de maravilla y hace que esta aventura sea más auténtica todavía. ¡Asante sana Ely!

A ojos de un mzungu como yo, sobrevivir en aldeas como Biro es realmente un verdadero reto que hace cuestionarme infinitas cosas y sacude mucho de lo que llevo dentro.

Aún quedan muchos retos por delante y el camino hasta ver brillar esa primera bombilla en Biro no será sencillo pero en ONGAWA nos gustan los desafíos y nos gusta aprender de ellos.

Además, ¿qué sería de la vida sin changamotos?

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LA SOLEDAD DEL MZUNGU

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Iván Marquina, voluntario del Programa de voluntariado institucional de empleados públicos de Castilla y León

 

Mzungu no significa solo hombre blanco, vale para cualquier extranjero, y su sentido último es referirse a aquel“que viaja siempre, que va de un lado a otro en solitario, que no se está quieto en ningún lugar” *.

Llevaba unas semanas nervioso, pendiente de dejar todo bien atado: seguro médico, planning de voluntariado,  cambio de moneda…  y que no faltara de nada en mi equipaje: camiseta de manga larga, batería de repuesto, trípode, crema de sol,…

Pero en  cuanto llegué al aeropuerto de Dar es Salaam y me di cuenta deque mis maletas no habían llegado, no pude sino sonreírme,y entonces me relajé.

Los africanos están preparados para lo imprevisto y acostumbrados a lo inesperado. En esto son diferentes de los blancos, que en gran medida se esfuerzan en precaverse contra lo desconocido y de los asaltos del destino”**

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¿Qué dicen esas miradas?

Al poco me adentré en la cantinela de saludos y contrarréplicas existentes: “Habari?” “Nzuri”.Un mantra dotado de diversas variantes: “Mambo?” “Poa”, que inicialmente no entendía: ”Salama?”, “Safi” y que, intercambiables, parecían no tener fin, enlazándose unos con otros: “Hujambo?”, “Sijambo”, al menos que uno tuviera la voluntad de romper la letanía.

Venia cargado de una mochila llena de juegos: canicas, cartas, damas, tizas, bolos,… que me permitieran superar fácilmente la barrera lingüística y entrar en contacto con la gente a través del juego.  Aunque no contaba con las dificultades que determinados colectivos presentan para encarar juegos donde la suma es necesaria, la idea ha funcionado.

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Niños volcados con el juego de “el Triángulo” con canicas.

El primer día que fui a las aldeas entendí porqué me decían que “iba  a ser la jirafa”, desde todos los lados se me veía. Algún niño incluso se echaba a llorar al verme, y nadie perdía la oportunidad de llamar mi atención: “mzungu”.

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Todos esos niños iban a estar mirándome en breve

Era un lujo para mi poder conocer de primera mano, gracias a ONGAWA, la vida de una comunidad mediante la grabación de  entrevistas a sus principales agentes, encargados de la gestión del agua, de los bosques, de promover alternativas económicas en la zona (jengibre, mariposas)….

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Asistencia a una asamblea

Estas comunidades están  alejadas dos horas en todo terreno de la población cabecera del distrito, y que tienen unos servicios “básicos” de educación y sanidad, a razón de 80 niños por aula y un hospital carente de equipamiento alguno. La pobreza no se ve, se presiente.

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Entrevista a un usuario de los proyectos de agua y saneamiento

Y te preguntas cómo es posible que coexista con ese lodge costero, paraíso terrenal de  aquel que posee dinero suficiente para pagarlo:  mzungus.  Y te enzarzas, con tanzanos angloparlantes, en conversaciones que te llevan a un callejón sin salida, preguntándote como es posible que por el precio al que pagas un aguacate en España aquí puedes hacerte con más de dos kilos. Y acabas cuestionándote para qué sirve todo esto, y tratas de pensar que sirve para algo…

Si acaso la colonización ha terminado, Tanzania pasó a ser independiente en 1961, la globalización económica sigue haciendo estragos a favor de los poderosos.

Los supermercados están vacíos, y los pocos productos manufacturados son caros, de fuera y  de muy poca calidad. Los mercados son más coloridos, pero ofrecen lo que ofrecen.  La tortilla españolatanzana, la chipsi mayai, viene a mi auxilio cuando ya no me entra más arroz y no puedo con el ugali.  Un paquete de espaguetis es lo más a lo que puedo aspirar y le pongo plátano a todo.

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Ugali, con col y carne

En fin,  vagaba yo una noche sin rumbo, “perdida la capacidad de estarse quieto y debiendo aprender en silencio de la vida salvaje antes de que esta me aceptase”**, fui atraído por los taxistas a sentarme con ellos y rápido el juego surgió. Decidí entonces invitarlos a tomar una cerveza para no estar solo viendo el concierto que escuchaba.

Manteníamos  una interesante discusión sobre ser blanco o negro, distorsionada  por los decibelios del local  y tres Serengueti de medio litro,  cuando  el más alto, de origen masai, se acerco a mí y me dijo: “No te preocupes, para mí no eres un mzungu, eres Iván”.

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Iván dando una clase de fotografía

Cuando me llevó a casa decidió no cobrarme, desconozco si tenía oscuros intereses futuros, pero consiguió que dejara de sentirme solo como mzungu, aunque fuera por un momento.

LECTURAS

*”El sueño de África”, Javier Reverte.

** “Memorias de África”, Karen Blixen.

Seis meses

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Seis meses lejos de todo y de todos.

África espera del lado perdido

para el que llega buscando un camino

puro y agreste que luce sin focos.

Seis meses cerca del barro y del lodo

para entender cuáles son los motivos

que hacen del mundo un lugar sin sentido.

Unos con tanto y otros tan poco.

Cada momento remueve conciencias.

Surge del fondo un impulso de cambio

que arde al fuego de esta experiencia.

Cuando me marche de nuevo al palacio

quiero sereno seguir con paciencia:

yendo a lo bueno es igual ir despacio.

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Gracias de corazón a todos los que con su apoyo han hecho posible  que viviera esta aventura.

Nashukuru Tanzania na Watanzania. Tutaonana karibuni.

No solo de pan vive el hombre

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Mujeres caminando cerca de Lugulu, en las montañas Pare

Hapa kazi tu, Aquí solo se trabaja. Este es el lema del nuevo presidente de Tanzania desde las elecciones de octubre, de las que siempre guardaré un grato recuerdo por haber vivido un lanzamiento de gas lacrimógeno mientras realizaba el siempre subversivo acto de comprar pan en una tienda. Y no le falta razón. En Tanzania se trabaja mucho, dentro y fuera del trabajo, porque la vida aquí es dura de pelar. No digamos ya si eres una mujer, auténticas heroínas cargando leña, agua y niños, cuidando el huerto, cocinando y lavando la ropa de toda la familia a mano. Y por si fuera poco, lo más difícil de cargar es lo que nunca se quitan de encima, la sonrisa de oreja a oreja.

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Mujeres lavando la ropa en un río cerca de Kanza, en las montañas Pare

Como yo no estoy al nivel de estas guerreras, además de trabajar tengo ratos libres, y durante mi estancia en Tanzania estoy conociendo lugares maravillosos. Los que me conocen bien saben que el motivo para venir a África no era viajar. Ni tampoco búsqueda de aventuras exóticas. Y mucho menos hacer turismo. Aunque todo eso llega, tarde o temprano, viviendo una temporada por aquí  y moviéndote en un entorno de no-africanos. Nunca me he sentido cómodo como turista pero es que aquí ha sido especialmente desagradable serlo.

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Casa en construcción en Kanza, en las motañas Pare

¿A qué me refiero? Mi día a día es muy parecido al de un tanzano de clase media-alta. Vivo en una casa decente, con agua cerca y con gas para cocinar. No tengo coche, por lo que me muevo casi siempre a pié o en bus. Mi compra principal la hago en el mercado dominical aunque puedo permitirme lujos como la leche o el agua embotellada. Pero un buen día cruzas una puerta y sales de este ambiente para hacerte turista. Piscinas, comidas occidentales, duchas de agua caliente, todo lleno de extranjeros. Y al otro lado de la valla la vida real del país. Nunca había vivido tanto contraste en tan poca distancia.

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Elefantes en el Parque Nacional de Tarangire

Si uno quiere conocer los Parques Nacionales de Tanzania, hay pocas alternativas, debes contactar con una agencia y pasar por el aro del turismo de alto nivel.  Es el peaje. Pero  conocer estos paraísos naturales merece mucho la pena. He tenido la suerte de poder visitar tres de ellos: Tarangire, Ngoro Ngoro y Mkomazi. Paisajes que cortan la respiración donde palpar la pureza de la vida salvaje en todo su esplendor. Sentir que eres un mero invitado en territorio animal. Increíble.

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León joven oteando el horizonte en la Zona de Conservación de Ngoro Ngoro

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Vista de la sabana del Parque Nacional de Mkomazi

Pero no todo son safaris, y para conocer el resto de secretos de Tanzania hay otras vías. Así, manejando lo justo de Swahili y con muchas ganas de divertirse, se puede viajar a nivel local. Buses en los que eres el único extranjero,  y que nunca están lo suficientemente llenos, para llegar a lugares perdidos. Y allí negociar con los taxistas para llegar a donde los buses no llegan. Puede que no llegues a la hora esperada. Incluso puede que no llegues al sitio esperado. Pero todo el viaje será una bonita mezcla de risas, malentendidos y cultura africana. De este modo he conocido el lago Nyumba ya Mungu o las playas de Pangani.

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Estrella de mar prestada del fondo del océano Índico, en Pangani

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Pescadores saliendo a fanear durante el amanecer en Pangani

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Barco de vela llegando a un banco de arena en Pangani

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Niños a orillas del lago Nyumba ya Mungu

También en el trabajo tengo que lidiar con el turismo. ONGAWA está implantando en esta zona el proyecto Sustainable management of Chome Nature Reserve. Como ya comenté hace tiempo, Chome es un bosque húmedo catalogado como reserva natural en el corazón de las montañas Pare. Se encuentra verdaderamente amenazado debido a las actividades que realizan las comunidades colindantes para su sustento, tales como la  minería o la tala de árboles. Por ello se están dando alternativas de ingreso económico, y entre ellas está la de fomentar un turismo sostenible y que involucre a las comunidades. Para llevarlo a cabo se está construyendo una pequeña oficina que sirva para recibir visitantes, financiada por ONGAWA y cuyas obras estoy ayudando a supervisar.

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Trabajo en la obra del nuevo centro de visitantes de la reserva natural de Chome

Hace poco pude conocer desde dentro la reserva de Chome. La falta de turismo, que se quiere combatir, hace que sea un lugar extremadamente virgen. Árboles centenarios se enredan en un bosque frondoso donde solo se escucha el crujir de ramas bajo tus pasos o el cantar de algún pájaro exótico. Cada bocanada parece quitarte años de encima, como si el bosque quisiera agradecerte la visita regalándote un poco de su vigor. Nunca había estado en un sitio tan intacto ni respirado un aire tan puro. Ojalá más y más gente pueda conocer este lugar, respetarlo y conservarlo. Porque Chome rezuma pureza y exuberancia por todos sus costados, llevando el espíritu de las montañas Pare a su máxima expresión.

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Seta en el lecho del bosque de la reserva de Chome

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Vista del interior del bosque húmedo de la reserva de Chome

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Vistas desde el pico Shengena, dentro de la reserva de Chome, el punto más alto de las montañas Pare

Mi cultura es mi riqueza. Mi cultura es mi pobreza

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Kwasa Kwasa, mercado dominical de Same

¿Qué tienen en común una persona tanzana y una española? La verdad es que siempre pueden encontrarse puntos de encuentro. Por muy lejos que te marches hay gente que comparte tus anhelos, miedos, esperanzas, miradas, emociones… que van más allá de la lengua que se hable, de lo que se coma o de cómo se vista. Estos cuatro meses de vida en Tanzania  me están sirviendo bastante como cura de etnocentrismo. Nunca había roto el cascarón de Europa y decidí que lo mejor para salir del nido era dar un buen salto al vacío de seis meses hacia tierras africanas. Volar o volar.

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Mujeres cargando leña en las montañas Pare

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Letrina con su tip-tap, lavamanos accionado con el pié, en las montañas Pare

Al principio es normal que solo tengas ojos para las diferencias, como si las hubieran aumentado con un telescopio y pintado de colores brillantes. Por ello las primeras semanas son puro choque cultural que remueve todos los cimientos y certidumbres que traías a cuestas en la maleta. Llegaste con tus ideas de “esto está bien, esto está mal”, “esto está bueno, esto está malo”, “esto se puede hacer, esto no”. Pero vas viendo que no todo es blanco o negro. Hay muchos matices, muchos caminos que llevan al mismo destino. Y todo el aprendizaje comienza.

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Niñas con un mzungu en Maore, a la vera de un Baobab

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Niños de las Pare entreteniendo a un mzungu

La primera sensación es pasar de ser uno más a llamar la atención por donde quiera que pises. Imposible pasar desapercibido, como si fueras desnudo y pegando gritos por en medio de la Gran Vía. Lo siguiente es volver a sentirse como un niño de nuevo. Vas siguiendo a todas partes a tus “padres” africanos, es decir, la gente europea que lleva más tiempo que tú por estos lugares. No sabes hablar. Pero eso no es problema para que todo el mundo mantenga conversaciones contigo a las que solo aportes una sonrisa y uno de la decena de saludos que existen en Swahili. No sabes comer. Pero no es problema para que te pongan el plato sin cubiertos y empieces a entrenarte en el noble arte de comer con las manos. No sabes ducharte. Pero no es problema para descubrir que un hervidor de agua y un cubo dan más juego del que nunca hubieras pensado. No sabes comprar. Pero no es problema para comunicarte por gestos con el tendero y, sin entender el precio, pagarle con billetes de elefantes, rinocerontes y leones.

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Billete de 2000 chelines tanzanos sobre unos apuntes de Swahili

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Medicina alternativa: Mama maasai prepara los ingredientes de una infusión para el dolor de espalda

Tu cultura y la sociedad en la que vives te marcan profundamente y no nos damos cuenta de hasta qué punto. ¿Cuáles son tus prioridades?¿quién las ha elegido?¿puedes cambiarlas? No es fácil asimilar que hay otras formar de entender la vida, que se escapan a tu razonamiento y que no encajan en tus esquemas. Pero es la realidad y yo lo veo día a día, tanto en la calle como en el trabajo.

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Paisanos de un pueblo de las Pare se coordinan para sacar del barro un camión que bloquea el camino

Empezaré por el día a día. Mi vecino es keniata y trabaja en una escuela como profesor de informática. Le gusta mucho el fútbol y por ello tenemos en el patio una antena parabólica que le permite ver todos los partidos internacionales en pay per view. En el mismo patio tenemos un depósito de agua al nivel del suelo, que si se elevara con una sencilla estructura permitiría tener agua corriente dentro de las habitaciones. Cuestión de prioridades. Para muchos africanos tener agua en el patio de la casa es más que suficiente y no ven la necesidad de tener agua corriente en el interior de las casas. Al principio me sorprendía mucho, pero voy aprendiendo a quitarme de vez en cuando mis gafas occidentales y mirar de otra manera.

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Trastero de mi casa con la parabólica encima

Y seguiré por el trabajo. ONGAWA lleva años involucrada con las comunidades de Maore y Kihurio, dos pueblos en las faldas de las montañas Pare. Se ha invertido mucho dinero y esfuerzo en la ampliación y remodelación de sus redes de abastecimiento. Y los resultados han llegado. Se ha mejorado significativamente la vida de numerosas personas, especialmente mujeres y niñas, que son las encargadas de llevar el agua a las casas. Pero la situación de estos pueblos los hace muy vulnerables a las actividades que se desarrollen aguas arriba. ¿Alguien se preocupa por la calidad del agua? Institucionalmente no lo parece, los mapas de cobertura de agua en Tanzania no reflejan qué calidad tiene el agua que se está sirviendo a las comunidades.

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Hombre tirando de su burro en Kihurio

Sabiendo lo delicado de la situación, se hicieron pruebas y los resultados fueron alarmantes. Tanto la turbidez como la contaminación por coliformes fecales en ambos sistemas estaba muy por encima de los valores admisibles para consumo humano. Por ello se decidió construir dos infraestructuras de pretratamiento de agua potable, con bajo coste de operación y mantenimiento teniendo en cuenta la gestión no profesional de los sistemas. El resultado es un filtro de gravas y arena para Kihurio y un tanque sedimentador para Maore. ¿Es la calidad del agua una prioridad para las comunidades?

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Mujer disfrutando de agua en el patio de su casa gracias a la red de abastecimiento de Kihurio

El filtro estuvo en funcionamiento unos días hasta que una riada atascó las tuberías por falta de mantenimiento de una rejilla de la toma. La comunidad achaca al funcionamiento del filtro la reducción del caudal que llega a los tanques de distribución de aguas abajo, aunque los cálculos hidráulicos digan lo contrario. Por ello se estuvo mucho tiempo bypasseándolo, es decir, sin poner en funcionamiento. Hoy en día se ha vuelto a poner en marcha gracias al trabajo con las comunidades.

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Filtro de Kihurio fuera de servicio

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Estado actual: filtro de Kihurio en funcionamiento

El taque sedimentador es compartido por los dos sistemas de agua potable que abastecen a Maore. Las comunidades se oponen a mezclar su agua en un mismo tanque, aunque ambas la tomen del mismo río con solo unos metros de diferencia. Como en Kihurio, aquí también existe la creencia de que el sedimentador hace que se reduzca el caudal de entrada a los tanques de distribución. Todo ello ha hecho que se deje de utilizar por el momento. Queda trabajo por delante.

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Decantador de Maore fuera de servicio

No es fácil asimilar que los problemas son más complejos de lo que parecen a simple vista. Las comunidades valoran tener agua cerca de casa pero en su orden de prioridades la cantidad va por delante de la calidad. Llevan toda la vida tomando agua del río y no ven el motivo por el cual ahora no es posible usarla como antes. A vista de ingeniero, una infraestructura de tratamiento puede parecer suficiente. Pero hay mucho más trabajo además de la construcción detrás de un proyecto de cooperación. Formación de los comités de agua potable, sensibilización de la población, enfoque de género. Todo un soplo de aire fresco que remueve los rincones de esta mente a veces demasiado racional.

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Trabajo con las comunidades: reunión general en Myombo para debatir la viabilidad de la rehabilitación de un canal de riego.

No todo el monte es orégano

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Vista de la vía de tren abandonada que cruza same

“No todo el monte es orégano”, dicen en mi pueblo. Y no todos los días se sale a terreno. Si solo escribiera sobre mis andaduras por las montañas estaría dando una visión muy sesgada de la vida como cooperante que llevo en Same, Tanzania. Es necesario dedicar muchos días al análisis de la información que se ha recogido y otros tantos a la planificación de las siguientes visitas. Se tienen reuniones, se elaboran informes sobre lo visto y se piensa la mejor manera de dar el siguiente paso adelante. La implantación de un proyecto de cooperación requiere muchos días de oficina.

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Grupo de burros pastando cerca de mi casa

Ya sean días de oficina o no, Tanzania entera se despierta con el sol. Tanto es así que tienen su propio sistema horario en el que se empieza a contar el tiempo a partir del amanecer, a las 6:00 de la mañana. Desde entonces la calle entra en movimiento. Los animales rebuznan, cacarean, balan, mugen, las motos recorren los caminos de tierra, las mujeres barren las puertas de  sus casas y los niños se marchan al colegio. Por ello muchas veces no se necesita despertador para abrir los ojos debajo de la mosquitera, ese gran invento. Los primeros días me sentía extraño con el velo de novia cubriendo la cama pero ahora dormir sin ella sería como salir desnudo a la calle.

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Una de las gallinas de mi vecina con sus polluelos

Empiezo el día con una ducha de agua caliente. Nunca pensé que valoraría tanto tener en casa un hervidor de agua eléctrico. Ni tampoco que un cubo de 20 litros lleno fuese más que suficiente para ducharme. Y menos aún esperaba yo que mi letrina no me hiciera echar en falta una taza de váter. Pero a todo se acostumbra uno. La siguiente sorpresa fue sentir como elemento indispensable de mi habitación un cubo gigante que me permite preparar la ducha sin tener que salir a la calle a por agua. Todo un privilegio gracias a tener en la letrina un grifo que, con suerte, funciona dos días a la semana y me permite llenar mi preciado cubazo.

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El imprescindible hervidor de agua

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El padre de todos los cubos, en mi letrina

Antes de dejar mi casa le pego un trago de agua a mi botella Kilimanjaro. Beber agua embotellada de las cumbres del techo de África es todo un lujo que solo The Coca-Cola Company podía poner a mi alcance. Aunque el lujo que me gustaría ver por estas tierras es el de poder beber agua del grifo limpia, barata y que no generase desperdicios. Pero bueno, como dice mi amigo Manolo “piensa más un necesitado que cincuenta abogados”, y la montaña de garrafas vacías que empezaba a rivalizar con su vecina más famosa me dio una idea para solucionar la falta de mobiliario de mi habitación. Unos listones de madera apoyados en garrafas rellenas de agua me sirven de estantería y una rama de árbol hace de perchero. Además otras tantas garrafas atadas en círculo con un trozo de cartón y tela por encima se han convertido en una bonita mesilla. Será que África agudiza el ingenio.

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Mi humilde estantería-perchero

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Botella de agua Kilimanjaro sobre la mesilla hecha de garrafas

Llego a casa de ONGAWA para el desayuno. Uno de mis descubrimientos tanzanos es que el aguacate ha nacido para ser mezclado con tomate sobre una tostada. Texturas diferentes y sabores desconocidos. Como el del cardamomo que le da al chai ya maziwa, o té con leche, ese toque exótico difícil de explicar y mucho más difícil de olvidar. Por otro lado, nuevas frutas como el maracuyá, o fruta de la pasión, me han demostrado que hay semillas que encierran todo el sabor tropical esperando para explotar en la boca. Para terminar, el reencuentro con la chirimoya me ha llevado de vuelta a la infancia, en una de esas veces que los recuerdos más profundos y nítidos van ligados al paladar.

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Chai ya maziwa: Té, leche y una combinación selecta de especias. Foto y té por cortesía de mi vecina Alejandra

 

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Nyanya (tomate) y parachichi (aguacate), ingredientes estrella del desayuno

Hora de irse a trabajar. De camino a la oficina siempre pasamos cerca de una escuela de primaria. Caminar por allí es lo más cercano que he estado de sentirme una estrella de cine. Para los niños ver a un mzungu, como aquí se llama a los blancos, es como ver a toda una celebridad. Algunos se asustan, otros te miran con curiosidad y hasta hay quien te coge de la mano para irse un rato contigo. Al llevar ONGAWA bastantes años trabajando en la zona, los niños han ido aprendiendo algo de español. Por eso, desde que nos ven acercarnos empieza a sonar un coro lejano que va subiendo de volumen hasta que todos los niños acaban cantando “¡Hola!, ¡Hola!” asomados a la verja para vernos pasar. Todo viene acompañado de un bonito paisaje donde la llanura naranja arañada con surcos de lluvia se mezcla con montañas agrestes de nubes enredadas, haciéndome disfrutar de verdad el camino al trabajo.

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Niños curioseando a un mzungu

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Vistas de camino a la oficina

La oficina de ONGAWA es una pequeña parte de las dependencias del Departamento de Agua del Distrito de Same. El lugar estaba en desuso y fue cedido temporalmente por el Distrito. Es muy modesto, la oficina consta de poco más que dos habitaciones con tres mesas colocadas haciendo encaje de bolillos para que pueda trabajar el personal de ONGAWA y los voluntarios. Pero es un lugar estratégico. ONGAWA sabe que para el éxito de los proyectos hidrosanitarios que lleva a cabo en la región es muy importante trabajar codo a codo con las autoridades públicas locales. En último término es el personal del Distrito quien tendrá que velar para que las redes de abastecimiento y los programas de saneamiento sigan funcionando en el tiempo. Detalles que marcan la diferencia.

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Interior de la oficina de ONGAWA en Same

Fin de la jornada. Recientemente hemos entrado en la época de lluvias corta que nos regala sus aguaceros de tormenta de verano. Todo empieza a ponerse verde y por el camino de vuelta a casa nueva fauna me sorprende de vez en cuando. Encontrarte con tortugas y caracoles tamaño africano es muy divertido. Pero las lluvias han traído también a otros invitados menos simpáticos, como los escorpiones.

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Caracol gigante africano

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Tortuga de espolones africana visitando el patio de mi casa tras una tormenta

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Escorpión en el porche de ONGAWA siendo evacuado con un cepillo

Aún así, por las tardes siempre me apetece pasear por la montaña de al lado de mi casa. Y también subirla porque desde la cima las vistas son increíbles. Este continente encierra  mucha magia y no deja de sorprenderme a cada paso. Su gente, su luz y sus colores me tienen enamorado. Termino el día en lo alto, donde me espera el silencio y  un aire puro mecido por el viento. Respiro profundo. Y me quedo pensando que los atardeceres africanos deberían ser patrimonio de la humanidad.

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Atardecer desde un cerro de Same. En el fondo a la izquierda el monte Meru y a la derecha el Kilimajaro

Cómo quisiera poder vivir sin agua

“¿De dónde viene el agua que uso?”

“¿Tendrá calidad suficiente?”

“¿En qué actividades gasto el agua?”

“¿Qué cantidad de agua necesito al día?”

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Mujeres lavando la ropa en una fuente o domestic point en Kihurio

Preguntas como estas no me habían preocupado hasta hace muy poco tiempo. Diría que para nosotros, los occidentales, es prácticamente instintivo abrir el grifo y ver correr agua potable. Es algo incuestionable, ¿cómo no va a haber agua? Pero desde que vivo en Tanzania mi perspectiva está cambiando a pasos agigantados.

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Miembros del COWSO de Maore inspeccionan la obra de toma que coge agua del río Hingilili para abastecer a su comunidad.

Primero por mi trabajo. Llevo dos semanas recorriendo los sistemas de abastecimiento de Maore, Kihurio y Makokane. Todas estas poblaciones se encuentran en las faldas y mesetas adyacentes a las montañas Pare, de donde reciben el preciado recurso hídrico. El contraste entre la llanura y la montaña es muy fuerte. Pasamos de la exuberancia de la selva al desierto de acacias y baobabs en un suspiro. La escasez de agua obliga a estas comunidades a abastecerse mediante conducciones que vienen desde sus vecinos de arriba o de acuíferos que son recargados por los cursos de agua que bajan desde los altos de las Pare.

Pescadores secando pescado en el lago Kalimawe, cerca de Makokane

Cerca de Makokane pescadores secan sus capturas en el lago Kalimawe, alimentado por los ríos Yongoma y Hingilili que bajan de las montañas Pare, en el fondo.

Miembro del COWSO de Makokane mostrando los alrededores de su pueblo

Un miembro del COWSO de Makokane muestra los alrededores de su pueblo. Cerca del lago pronto aparece una estepa árida por lo que esta comunidad se abastece gracias a un sistema de bombeo.

El agua siempre es imprescindible para la vida, pero hay poblaciones más vulnerables que otras. Vivir aguas abajo y en una zona árida te hace depender fuertemente tanto en calidad como en cantidad de lo que hacen los usuarios de aguas arriba. Es aquí donde la gestión de los recursos se vuelve crucial para que un agua suficiente y segura llegue a todas las poblaciones. En ello juegan un papel fundamental los COWSOs (Community Owned Water Supply Organizations), asociaciones vecinales que gestionan los sistemas de abastecimiento de las comunidades. ONGAWA lo sabe, y por eso dedica mucho esfuerzo en la formación y fortalecimiento de estas entidades. Una comunidad con un COWSO responsable y eficiente operará las infraestructuras de una forma óptima que permita servir agua de calidad a sus vecinos y será sostenible en el tiempo al recaudar  tarifas justas que permitan afrontar el coste de mantenimiento del sistema.

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Miembro del COWSO de Kihurio revisa el estado de un filtro de gravas y arena dañado por una riada.

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Jose Antonio Mancebo, alias Babu, da instrucciones sobre mantenimiento en el desagüe de un depósito en Kihurio

Pero hay muchos retos por delante. Con la ayuda de los trabajadores de los COWSOs, el personal de ONGAWA y el profesor de la UPM José Antonio Mancebo he visitado captaciones, filtros, sedimentadores, depósitos, cámaras de válvulas y demás elementos de una red de abastecimiento. Haciendo mediciones e inspeccionando las instalaciones hemos buscado las debilidades y  pensado  las soluciones oportunas en cada caso. Poco a poco, cada paso cuenta, toda mejora es importante.

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Miembros del COWSO de Maore abren la tapa de un depósito para medir el caudal de agua que está entrando al mismo. Al fondo la fuente del agua: las montañas Pare.

Mama con Turbidímetro

Es necesario involucrar a la población para que sea consciente de la importancia de la calidad del agua. Se prestó el turbidímetro a esta mujer de Maore para que viera el trabajo que lleva a cabo su COWSO.

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Bidyanguze, trabajador de ONGAWA, presta el turbidímetro a otras mujeres curiosas por nuestra visita

Segundo, por el día a día. No es lo mismo contarlo que vivirlo, una cosa es hablar de las deficiencias de un sistema y otra es sufrirlas. Cuando llegué a Same me llamó mucho la atención ver la ciudad llena de grandes depósitos de plástico con nombres comerciales poderosos como symba tanks (tanques león) o kiboko tanks (tanques hipopótamo). ¿Por qué? El sistema no puede abastecer a todos los barrios de la ciudad de forma simultánea, y se producen cortes selectivos. Majengo, el barrio donde se encuentra mi casa y la casa de ONGAWA recibe agua los martes y los sábados por la mañana. En esos días se aprovecha para llenar el depósito del patio, del que se consume durante el resto de la semana. Estos depósitos pueden estar elevados unos metros, lo que permite tener presión suficiente para distribuir agua a toda la casa, o a nivel del suelo, lo que obliga a cargar con cubos desde el depósito al lugar de uso. La realidad es que de los dos días teóricos de suministro, normalmente solo llega agua uno, y no siempre es capaz de llenar los tanques con agua suficiente para el resto de la semana.

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La casa de ONGAWA tiene dos tanques. El elevado suministra agua a la red de la casa. El inferior sirve de reserva y dispone de una pequeña bomba para elevar el agua al tanque superior cuando éste se vacía.

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Mi casa solo cuenta con un tanque al nivel del suelo. Como la presión no es suficiente es necesario cargar el agua con cubos.

Aún con sus pegas y fallos, en verdad me siento afortunado por tener depósitos de agua a mi disposición. Y cuando más lo valoro es al ver que el depósito se vacía y todavía quedan días hasta el próximo suministro. Las soluciones entonces pasan por pedir agua a los vecinos que con suerte hayan llenado sus tanques, comprar agua a los aguadores que venden por las calles o desplazarte una distancia considerable hasta una fuente y cargar el agua de vuelta a casa. Durante esos días se vive con el agua racionada y la casa se llena de cubos, barreños y garrafas. Cada gota es preciosa pues tienes muy presente el trabajo que ha llevado el traerla hasta ahí, y hay acciones como tirar siempre de la cadena que llegan a parecerte un lujo extravagante. Cambio de perspectiva. Y entonces pienso que esos “días funestos” sin agua cerca, son la realidad de muchas personas durante toda su vida.

Mujeres, niños y burros de camino a por agua cerca de Kihurio

Como cada día, mujeres, niños y burros de camino a por agua en Kihurio