Desde Cajabamba, Perú

Lorena web

Por Lorena Gómez Antequera, voluntaria de ONGAWA en Cajabamba (Perú)

 

 

María Elena en su chacra de quinua orgánica

María Elena en su chacra de quinua orgánica, el día que se hizo la siembra.

La primera vez que vi a María Elena ya intuí la fortaleza de aquella mujer, sus ojos de un verde tan intenso como el valle que le rodea, desprenden sabiduría, tranquilidad y energía, de esa clase de energía que se contagia.  Nos recibió en la puerta de su casa con un cálido saludo invitándonos a pasar a su hogar. Nos sentamos y empezamos a charlar de cómo iba la cosecha de quinua, de las lluvias tardías que se estaban haciendo de rogar, que estando ya a finales del mes de Febrero apenas había caído una gota… pasaron unos minutos y María Elena se percató de que salvo a Fredy (el compañero del socio local CEDEPAS) no nos conocía al equipo de ONGAWA aún, con lo que inmediatamente se puso en pie, se adecentó la falda y la camisa y comenzó su discurso: “Me llamo María Elena y soy la presidenta de una asociación que lleva trabajando desde el año 2008 para mejorar los ingresos de la población rural de esta zona de Cajabamba…..” su pequeño discurso de apenas 2 minutos me dejó con la boca abierta y los ojos cargados de admiración. Quise levantarme a darle un abrazo, los que me conocen saben que soy muy de abrazos, pero conteniendo mis impulsos me mantuve en mi sitio, observando la escena mientras mis compañeros conversaban con ella. En ese momento de espectadora, me sentí llena de gozo, sentí ese escalofrío de felicidad que recorre el cuerpo cuando sabes que estás dónde y cómo quieres estar, y fue allí donde supe también que aprendería grandes cosas de esta experiencia, lo que no imaginaba es cuánto, porque además todas esas sensaciones las tuve exactamente a los treinta minutos de mi primer día en Cajabamba, que es la distancia que separa la ciudad donde vivo del caserío donde reside María Elena.

El proyecto que ONGAWA está llevando en la provincia de Cajabamba, ayudará a las asociaciones  como la de María Elena a mejorar la producción de quinua orgánica a través de las TICs.  Entre otras cosas se les está capacitando en ofimática básica para que ellos puedan tener recursos para acceder a los mercados, para determinar sus costos de producción y para empezar a disminuir esa brecha de género en cuanto al acceso a las tecnologías, sobre todo en las zonas rurales.  El primer taller de computación fue un rotundo éxito. Si bien es complicado y tienes que armarte de mucha paciencia para enseñarle a usar un ordenador a alguien que jamás ha cogido un ratón,  sus ganas de aprender y la ilusión de saber que les va a ser muy útil en un futuro hizo que todo fuera fenomenal. Nuestros alumnos y alumnas pronto  perdieron el temor a lo desconocido, ese que tenemos todos cuando nos enfrentamos algo nuevo, y conforme avanzaba el taller sus caras reflejaban satisfacción  y emoción de ver que podían seguir perfectamente las indicaciones de Dilmer Velasquez, del equipo de ONGAWA aquí en Cajabamba.

María Elena con su marido en el taller  de capacitación de ofimática

María Elena con su marido en el taller de capacitación de ofimática

Aquel día fue agotador pero lo recuerdo con mucha alegría, por ver a mujeres  con ganas  de aprender y aspiraciones de tener un futuro mejor para ella y sus hijos, de sentir su fuerza y su ilusión, alegría de poder ser partícipe de acabar con ese miedo a la tecnología que ellas sienten, de hacerles comprender que sí pueden, que en realidad pueden hacer cualquier cosa que se propongan.

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Participante en el primer taller de capacitación de ofimática de productores y productoras de quinua orgánica de la provincia de Cajabamba (junio 2016)

 

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Mi viaje a terreno

Isabel García de la Cruz estudiante del Grado en Ingeniería de Tecnologías y Servicios de Telecomunicación de la UPM y voluntaria de #GlobalChallenge

Escuché hablar de realizar el Trabajo Fin de Grado (TFG) en cooperación por primera vez en un curso de ONGAWA que ofertaban en la Universidad Politécnica de Madrid. Nos contaron que algún@s compañer@s suyos lo habían realizado y que, aunque era difícil que te seleccionaran, no imposible. Por ello, se convirtió en mi objetivo. Me gustaba la rama más social de la tecnología que es implementar herramientas TIC en un contexto social adecuado a las características de las personas.

Y así fue, dos años después estaba yéndome a Lima dejando a amigas y familia en el aeropuerto para empezar la aventura de Perú donde realizaría mi TFG con ONGAWA. Estuve una noche en Lima y al día siguiente me embarqué hacia la región de Huancavelica, donde estaba mi destino final, Anco. Un distrito muy pequeño de la región andina del Perú con aproximadamente 6.000 habitantes. Mi TFG iba a consistir en realizar una documentación y un análisis de sostenibilidad de una herramienta TIC que había sido instalada en Anco para llevar a cabo un monitoreo de la calidad del agua a través de SMS.

Aquí trabajo con los desarrolladores del sistema para su documentación y con las comunidades del distrito de Anco para su correcta implantación en la sociedad y después hacer el análisis de sostenibilidad. La parte técnica del sistema la he disfrutado y he podido aprender muchísimo, sin embargo, lo que me llevo de la experiencia es el trabajo en comunidad. He valorado cada instante y detalle que me han regalado. Ha sido muy valioso ir a los talleres, despertarme a las 4 de la mañana para subir a comunidades y ver que el ritmo en estas zonas es diferente. No tienen prisa y hay que aprender que no podemos ser locomotoras y adaptarse al ritmo.

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Me llevo a Serafina, presidenta de la comunidad de Pampaspata, quien sale en la fotografía y también quien me ha hecho sentir como en casa cada vez que subía a su comunidad, aproximadamente a 3.000 metros de altitud. Me llevo a cada persona de los talleres, a las madres que acudían con sus hijos e hijas, a esos niños y niñas que me miraban como la gringa (extranjera) que soy para ellos y ellas y que me saludaban con un “hello” porque pensaba que no hablaba su idioma. La vida en estas comunidades es increíble y está llena de sabiduría. Tienen unos índices de pobreza muy altos, sin embargo, tienen mucha riqueza en cultura y costumbres que realmente admiro. No beben agua de calidad pero está empezando a haber cambios y se espera que a medio o largo plazo, los cambios lleguen a asentarse.

La experiencia está siendo muy enriquecedora, aún me queda mes y medio en el que voy a dar apoyo en más proyectos que se desarrollan en Anco, como un curso de alfabetización digital o la documentación de más herramientas TIC. El tiempo pasa demasiado rápido y hay que aprovecharlo al máximo.

Yaku en el Mundo Andino

Virginia Mielgo, voluntaria en Anco (Perú) en 2015

Foto 1 VMIDicen que el agua (Yaku en Quechua) es la vena del mundo, porque conecta los tres mundos: el de arriba o Qanaq Pacha, el de aquí o Kay Pacha, y el de abajo o Uku Pacha: eje fundamental de la cosmovisión andina.

El dios Yaku pertenece al Uku Pacha y está presente en el mundo en los tres estados: sólido, líquido y gaseoso, y en su ciclo fluye desde el cielo, el aire, hacia la tierra, los seres vivos, los ríos, para volver a subir a las nubes, y así nunca descansar. El agua, con la ayuda del Sol y la Luna (deidades Inti y Quilla que pertenecen al Qanaq Pacha), es el motor del mundo y permite la vida en él.

Desde los tiempos preincas, los cerros o Apus, que pertenecen al Kay Pacha, simbolizan la divinidad de la tierra. Suelen ser grandes montañas en cuyas cimas hay nieves perpetuas o de las que mana agua en abundancia. El cóndor, el puma y la serpiente son también grandes dioses para estas culturas politeístas, cada uno de ellos representando a los mundos de arriba, medio y de abajo, respectivamente.

No es, pues, de extrañar que adoraran todo lo relacionado con la naturaleza, igual que lo hicieron muchos de nuestros antepasados precristianos. Los colonizadores intentaron con esmero acabar con los cultos paganos que encontraron por millares, entre otras cosas, plantando cruces en lo alto de los Apus o iglesias en los centros de reunión o de adoración. Muchos de los saberes que habían desarrollado las culturas preincaicas, repartidas por el territorio peruano, y que fueron unificados por los Incas se han perdido en la historia, pero otros muchos se mantienen y siguen siendo parte del día a día de los peruanos.

Así como los Incas, las comunidades campesinas de Huancavelica viven de la agricultura y la ganadería que dependen principalmente del clima: las lluvias, los vientos, las heladas, el agua. Cada año, durante la época de siembra, se hacen “pagapos” a la Pachamama pidiendo a los Apus que no se sequen los manantiales a través de cánticos y ofrendas.

Uno de los primeros retos cuando se trabaja con las comunidades altoandinas (y muchas otras) es encajar la multiculturalidad. El enfoque multicultural te obliga a olvidarte de tus percepciones aprehendidas para sumergirte en el mar de mitos que conforman el mundo andino. En conclusión, agua o naturaleza son conceptos que no llegan a reunir todo lo que para los habitantes de los Andes significa Yaku o Pachamama.

Anco es un distrito situado en la provincia de Churcampa, región de Huancavelica que, junto con Apurimac, recogen a la población más humilde del Perú. El distrito lo habitan unas 6.600 personas, de las cuales aproximadamente 1.000 viven en entorno urbano y las restantes en entorno rural. Las políticas públicas, por muchas razones, no llegan como deberían a estas comunidades aisladas. A algunas de ellas tampoco llegan carreteras o servicios básicos como saneamiento y salud.

Como parte del proyecto “Gestión y conservación de recursos naturales en la Subcuenca de Manzanayocc, a través del fortalecimiento institucional y la protección ambiental”, vine para apoyar en la actividad de cloración, que consistía en instalar sistemas de cloración en tres de los doce sistemas de agua potable existentes en la subcuenca, para la mejora de la calidad del agua.

Principalmente, me tocó trabajar con las JASS (Juntas de Administración de Servicios de Saneamiento) que son cargos ad-honorem que gestionan el agua a nivel local. En este sentido, las comunidades son un ejemplo de autogestión y convivencia. Nos encontramos personas con muchísimo interés en proteger su agua pero también faltos de información. ¿Qué es el cloro? ¿Qué es el arsénico? ¿Por qué nuestras madres, padres, abuelas y abuelos han bebido nuestra agua durante toda su vida sin enfermar?

Estas dudas perfectamente razonadas nos obligaron a plantearnos todas estas cuestiones antes de asumir una determinada posición. Nos dimos cuenta de la importancia de transmitir, desde las ONGs, una información fiable y unificada que hablara siempre de “cloración responsable”, ya que no resulta fácil para ellos y ellas contrastar información. El acceso a internet es inexistente en las comunidades y, aunque la educación mejora día a día, el analfabetismo es una realidad que sigue siendo alarmante, afectando principalmente a las mujeres. Estas últimas tienen una relación directa con el agua, son las que preparan los alimentos, se encargan de la higiene de los niños y niñas y de la casa. Los hombres, por otro lado, tienen una visión del agua desde el rol productivo y comunitario: el agua para riego, para participar en faenas, para fabricar adobes… Sin embargo, el control del recurso está únicamente en manos de hombres, que son los que tradicionalmente tienen acceso a los puestos de responsabilidad en las organizacion es de la sociedad civil.

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Teniendo en cuenta el enfoque intercultural, de derechos humanos, de género y apoyándonos en experiencias de otras ONGs y organismos que trabajaron la temática de cloración en zonas andinas, elegimos el Sistema de Cloración por Goteo. Este sistema se adapta al tamaño de las comunidades, a la calidad de su agua y es perfectamente replicable. Los materiales y accesorios para construirlo se pueden encontrar en prácticamente todos los lugares del mundo, su costo es razonable y su operación y mantenimiento sencillos.

Trabajamos juntamente con la ATMS (Área Técnica Municipal de Saneamiento) y ya estamos viendo con mucha satisfacción que están replicando tanto los sistemas de cloración como las herramientas de gestión que ONGAWA junto con la Asociación Servicios Educativos Rurales – SER (contraparte local) han estado trabajando durante toda la ejecución del proyecto.

Personalmente, me llevo un aprendizaje intensivo de 7 meses. Estoy feliz de las personas con las que me he encontrado y de haber tenido la oportunidad de conocer este precioso rincón de la Tierra. Me iré convencida de que este tipo de experiencias ayudan a relativizar, a no perder la perspectiva y a recordarnos que, casi siempre, son los que menos tienen los más solidarios y generosos.

Mi experiencia en Perú

Andrés Martín, Anco (Perú)

El pasado mes de Junio abandoné Madrid rumbo a Lima, para comenzar mi período de prácticas profesionales en ONGAWA Ingeniería para el Desarrollo Humano. Dichas prácticas, se encuentran enclavadas dentro del Máster en Tecnología para el Desarrollo Humano y la Cooperación, impartido en la Universidad Politécnica de Madrid, y se prolongarán hasta el mes de diciembre.

Todo empezó, como digo, hace ya algo más de tres meses, cuando aterricé en Lima después de un viaje bastante largo y cansado. Tras permanecer en la capital del país durante unas dos semanas, en las cuales pude conocer a mis compañeras de trabajo en la sede central de la organización y estudiar de una manera más profunda el proyecto en el que estoy participando, así como ver algunas de los más relevantes puntos turísticos de la ciudad, puse rumbo al lugar donde se está implementando dicho proyecto, “Gestión integrada de los recursos naturales en la subcuenca de Manzanayocc, mediante la concertación institucional y la protección ambiental”, ejecutado en uno de los lugares con mayor escasez de recursos del país y con los mayores índices de pobreza. En el proyecto, están integradas dos organizaciones, ONGAWA y un socio local peruano denominado SER, Servicios Educativos Rurales, con amplia experiencia en la zona.

Este lugar se llama Anco, y está situado en la provincia de Churcampa perteneciente a su vez a la región de Huancavelica, en la sierra central peruana y en el corazón de la mayor cordillera del planeta, Los Andes. El trabajo aquí  engloba vFoto Andrés6arias comunidades alto andinas, situadas entre los 2.500 y los 4.100 metros de altitud, aunque la máxima cota de la subcuenca la marcan los 4.250 metros. Sin duda, la altitud, fue mi primer reto una vez llegué a este lugar. Aquí, el trabajo de campo es bien intenso y adecuar los pulmones es costoso, sobre todo durante los primeros días, en los cuales, sientes, en multitud de ocasiones, tienes que parar a descansar pues la falta de oxígeno es evidente.

Trabajamos con 9 comunidades, concretamente con las organizaciones que se encargan de la operación, gestión y mantenimiento del agua dentro de ellas, las JASS (Juntas de Agua y Servicios de Saneamiento). El proyecto, por lo tanto, se podría diferenciar en dos partes, una de ellas más orientada al trabajo de campo y la realización de talleres de capacitación en diversas temáticas con las comunidades (JASS y otras) y otra más enfocada a la realización de diferentes “planes ambientales” a un nivel institucional, los cuales serán trabajados en estrecha relación con las instituciones distritales y provinciales.

Mi trabajo dentro del proyecto, consiste en el seguimiento y monitoreo de las actividades planteadas,  también realizo propiamente algunas otras como una herramienta de seguimiento de las JASS y próximamente un Plan de Contingencias ante el Cambio Climático, entre otras. Aquí, el aprendizaje, es diario y continuo.

Vivir en un contexto como este, y tener una experiencia en terreno de esta magnitud, aporta mucho más que conocimiento en un mero plano laboral. Y aquí estoy aprendiendo muchísimo, día tras día, pudiendo entender la gran diferencia que existe entre la formulación de un proyecto y la ejecución del mismo en terreno, y también la gran diferencia que existe entre el plano ingenieril y el social y, verdaderamente, estas son las dos grandes lecciones que me estoy llevando por el momento, laboralmente hablando.

Foto Andrés2Una vez que estás trabajando en terreno, te das cuenta de que lo más importante es intentar interferir lo mínimo posible en el ritmo de vida cotidiano de las comunidades. Debes adaptarte por completo a sus necesidades, a su contexto social, a su nivel de educación, a su lengua, a su ritmo diario. Aquí, no existen los fines de semana, ni horarios fijos de salida y entrada, si tienes que realizar un taller de capacitación, te tienes que adaptar a los horarios y días que las comunidades te propongan. Levantarte a las cinco de la mañana un fin de semana para empezar a trabajar a las 6, a más de 4.000 metros de altitud, no es algo anormal y, sin duda, te ayuda a comprender muchas cosas y a tener una visión más acorde con la realidad. En mi opinión, el esfuerzo y trabajo diarios de estas personas, en general, la vida y el sufrimiento del ser humano adaptado a las altitudes andinas, es realmente digno de admiración y respeto.

Pero, como digo, el aprendizaje es mucho más que laboral. Aquí, aprendes a valorar lo que hay y sobre todo a disfrutarlo, a saborearlo lentamente; dicen que los grandes platos, se cocinan a fuego lento. Aprendes a conformarte con poco, a darte cuenta de las enormes diferencias que existen entre el lugar de dónde vienes y el lugar en el que vives actualmente, de lo privilegiado que eres en algunos casos y de lo poco privilegiado que eres en otros; hay mucho tiempo para reflexionar. Aquí no hay aguas calientes o calefacciones, ni lavadoras, no abundan las televisiones de plasma, los ordenadores o las consolas y la conexión a internet es extremadamente lenta y sólo está al alcance de unos pocos privilegiados.

Pero, sin duda, una de las grandes diferencias entre las comunidades que visito y la realidad de la que yo procedo, es que la mayoría Foto Andrés1de la gente aquí no da tanta importancia al tiempo. Vivimos a un ritmo más pausado. Allí, en mi país, y en general en muchas ciudades (también lo pude observar en Lima las dos semanas que estuve o en otros países europeos en los que he vivido), cada minuto, cada segundo, es vital. Parece que no se puede perder ni un segundo. Siempre hay que producir, que ganar, que ser el primero, ¿tan importante es el tiempo?. Parece que el estrés es necesario para ser feliz. Aquí, uno no siente esas presiones, carreras ni competiciones. Cuando caminas por esos estrechos senderos, rodeados de valles y montañas, cuando visitas las comunidades y hablas con la gente, puedes sentir auténtica tranquilidad y libertad. Es por eso que me pregunto tantas veces, ¿qué nos hemos dejado en el camino para conseguir todos esos avances de los cuales alardeamos?.

El contexto de pobreza económica es evidente, pero su riqueza proviene de otros modos, y es más que interesante detenerte a observarlo.  Por el momento, todavía me quedan algo más de dos meses y medio en Anco, tiempo durante el cual seguiré aprendiendo, colaborando, observando y grabando en mi memoria cada segundo de esta magnífica experiencia.

Mi primer levantamiento de información

Jueves 21.30, voy a pasar la noche en un bus cama y despertaré en mitad de unas montañas, concretamente en Huaraz en la región de Ancash que está al norte de Lima. Me espera un fin de semana donde tengo que aprender todo lo posible sobre Recuay y Ticapampa, tengo que hacer preguntas, más preguntas y repreguntas. En los últimos días me he dedicado a aprender cómo se cría un cuy, cómo se hace un plan de negocio y cómo se redacta el perfil de un proyecto. !Aquí cada semana una puede salir siendo experta en un tema distinto!

Durante 3 días junto con el representante de la empresa con la que postulamos al concurso vamos entrevistando a los representantes políticos, a los de las asociaciones productivas y a toda aquella persona que nos parece que pueda contarnos algo interesante sobre la zona.

De las personas con las que coincidimos guardo un especial cariño al señor que vendía comida para animales y al que “atraqué” en la puerta de su casa/negocio. Él muy despacio me explicó la historia de su vida, de la zona, y hasta me dejó pasar a su casa a ver sus animales. Yo vengo de un pueblo de 2000 habitantes de La Mancha. De una casa de agricultores donde siempre hemos criado animales para el autoconsumo. Aquella podría haber sido mi casa, y ese señor mi padre. Además hablaba como él, o a mi me lo parecía, yo diría que tenía hasta las mismas arrugas que él.

En Ticapampa solo hay un alojamiento, un hostal al costado de una tiendecita de esas que venden de todo, aquí las llaman bodeguitas. Ambos negocios eran regentados por una señora que en cuanto le hablamos sobre internet dijo “!Quiero! Yo quiero abrir una cabina, que mi hijo pueda hacer en casa las tareas y dar más servicios a los visitantes”. Y claro a mí cuando me hablan con esas ganas en los ojos me emociono y todo me parece posible.

En el levantamiento de información el objetivo es ver si esa idea feliz que tienes en tu cabeza y que parece que aguanta el papel sería posible llevarla al mundo real. Se trata de darte cuenta de que el mundo no es ideal y seguramente ver que no sabes nada. Recalcular una y otra vez, como un gps en una ciudad en obras.

Este ha sido el primer levantamiento de información para redactar un proyecto que he realizado, han sido 3 días de inmersión en una montaña y siento que aún sigo sin saber nada. Solo tengo una borrosa idea de lo que es la vida allí. Sé que por las noches hace mucho frío y no hay nada que hacer. Que después de las 8 no encuentras un bar abierto en Ticapampa aunque sea donde nació el Pisco Sour. Que las gallinas allí se hacen la permanente. Que hay que andar despacio porque el camino es largo y no hay que gastar las energías tontamente, en altura me ahogo en un simple paseo. Que es normal andar una hora para ir a la posta de salud. Que los jóvenes se van fuera si no consiguen trabajo en la mina. Que en las comunidades se hacen presupuestos anuales y se venden los carneros cuando necesitan el dinero. Que para desayunar se toma sopa. Que los cuyes se venden puerta por puerta. Y que soy capaz de reconocer su gruñido al fondo de una casa.

Domingo 11:00 am. Ya estamos en un colectivo rumbo al norte de Ancash para descubrir que allí aunque esté entre montañas y nevados hace calor. He pasado del clima de noviembre al de finales de julio en La Mancha en un viaje de 2 horas. Cuando al llegar a Caraz lo primero que veo es una piscina y gente dentro me quedo totalmente sorprendida por el contraste. Pero no hay tiempo para chapuzones el levantamiento de información ahora toca pasarlo a papel. Hay que compartirlo con el equipo que está en Lima y plasmarlo en el formato del perfil del proyecto. También hay que pasarlo todo a números, para mi la parte más complicada es hacer el presupuesto. Empezando por entender las cuentas… 80% del fondo del concurso, 22% fondos propios X% de hacer el pino puente… Mi parte en todo esto ha sido pequeña, me la he pasado preguntando y aprendiendo, pero lo bueno de trabajar con un equipazo es que se aprende rápido y todo lo que haces parece grande. !Gracias!

Mañana me despertaré siendo experta en Huella Social TIC. !Pero esa es otra historia y las que nos quedan!

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Dos meses en Perú

Pues parece mentira pero ya ha pasado un tercio de mi estancia en Perú. Justo ayer hizo dos meses que aparecí en esta oficina. Han sido dos meses de adaptación y trabajo. Dos meses de choque cultural, idiomático y climático. Hoy os quiero contar un poco más sobre mi trabajo, sobre qué he venido yo a hacer a Perú.

Vengo dentro del proyecto de Compromiso y Desarrollo de ONGAWA en convenio con la AECID. Este proyecto en Perú se traduce en 3 actividades principales para mi: Estudio de Huella Social TIC, Capacitación en Gestión empresarial aplicada a negocios TIC y un concurso de Alianza Publico Privadas para el desarrollo humano. No os voy a aburrir con todo lo que hago/hacemos pero os voy a contar las cosas que me están aportando estas tareas que creo que es más interesante para vosotros.

Este es mi tercer trabajo y tengo que aprenderlo todo otra vez y desaprender mucho más. En ciertas cosas siento que me faltan tablas, pero tengo unas compañeras que me dan las claves para sacar adelante las tareas. Así que me siento muy afortunada por la oportunidad que me han dado de realizar este voluntariado de larga estancia.
En general estoy teniendo que contacta con empresas para realizar mi trabajo. Esto tiene una parte de choque cultural y de asumir tareas nuevas para mi. Representar a ONGAWA en ciertas ocasiones para mi es una responsabilidad y un honor. Hasta ahora nunca había tenido que realizar un trabajo de contacto con empresas tan intensivo. Había hablado con empresas en trabajos anteriores y con organizaciones como voluntaria en España. Pero aquí tengo que aprender todo otra vez. Porque acá no es que no des con alguien, es que no le ubicas, y así todo. En la primera semana tuve que aprender a presentarme por teléfono y a ratos no entendía nada de lo que me decían. Además Inma no es un nombre usado acá y siempre creen que digo Irma, así que he pasado a ser Inmaculada o Inma de Inmaculada. Lo que no dejaré de tener que hacer es pedir que me deletreen los nombres, apellidos y correos, qué lío! Pero ahora ya no hay miedo, hasta hay quién me reconoce con solo saludar al descolgar el teléfono. También he tenido que presentarme en frío a gente al finalizar un congreso, ir con mi tarjeta y decirle a alguien que si tiene un momento para que le hable de mi libro. Y aunque la primera vez me puse nerviosa porque era un directivo de RSE y yo me sentí muy pequeña, fue tan amable y respondió a mis correos que ya no he vuelto a sentirme pequeña ni a tener problemas en acercarme. Porque realmente sé que lo que les voy a contar es interesante (es ONGAWA, es genialoso no hay duda) y tiene un papel en esta realidad y la gente lo valora. Ya si les llega el tiempo para seguir el contacto o les encaja en sus actividades es algo que yo no puedo controlar.
En los cursos el contacto con los alumnos ha sido una experiencia autentica, porque eran personas con perfiles diferentes y con muuuuuchas ganas de aprender y aportar. Aquí me sale la vena docente porque trabajé 3 años de profe. Me han dado una perspectiva de Perú nueva, la de emprendedores/as, universitarios/as, profesoras de económicas, … Y las docentes que tenemos, todas puras mujeres, profesionales con mucho que aportar. He aprendido de las ganas de la gente y los problemas a los que se enfrentan, como la falta de acceso a formaciones específicas o una normativa y burocracia que fomente llevar a la práctica sus ganas. Así que aquí estamos con las TIC aportado lo que podemos y abriendo las puertas que nos encontramos.
Este proyecto de Compromiso y desarrollo se basa en mejorar la contribución al desarrollo humano y la lucha contra la pobreza. Con la huella pretendemos ver los efectos que un proyecto TIC tiene en el desarrollo humano de una comunidad. Con la capacitación queremos orientar esa contribución, haciéndola más eficiente y positiva. Con el concurso queremos premiar y fomentar las alianzas entre el sector privado y el público (ya sea gubernamental u organizaciones sociales) que tengan un factor de desarrollo humano.
Y bueno esto es lo que se me ha perdido a mi acá en el Perú y con lo que voy a seguir trabajando los próximos 4 meses que me quedan.

Seguimos!

Equipo Perú

El equipo de Perú después de una reunión de equipo, solo falta la sección de Cajamarca (Tomás y Dilmer). De izquierda a derecha: Elvira, Inma(yo), Marta, María del Mar, María, Alex, Andrés, Lucía, Aurora y Odile.

Entrevista en terreno

Desde Lima nos presentamos, Lucía e Inma, las dos voluntarias que en este momento nos encontramos acá. Para nuestra primera entrada decidimos realizarnos una entrevista la una a la otra y, de esa manera presentarnos y contaros como llegamos acá.
Lucía: ¿Cómo conociste ONGAWA? ¿Cuál ha sido tu paso por ONGAWA?Inma: Yo quería hacer un voluntariado y simplemente le pregunté a google si existía en Madrid Ingeniería sin Fronteras. Encontré a ISF ApD y fui a la primera charla informativa que dieron ese año. Y de repente estaba coordinando un grupo de voluntarios.

Sobre mi paso por ONGAWA, llevo 5 años y he pasado por diferentes grupos de voluntarios porque he cambiado de residencia por trabajo. He estado en el grupo de agua, luego pasé por la sede de Castilla-La Mancha en Ciudad Real. Después durante un tiempo hubo una delegación en Albacete. Llegué a conocer a ISF Murcia. Después pasé al grupo de TIC y ahora estoy con el grupo de Empresa y Desarrollo.

L: ¿Por qué te quedaste en ONGAWA?

I: Porque me gusta mucho lo que hacen, cómo lo transmiten. Me gusta que sean tan críticos con su trabajo y que intenten mejorar siempre. Además la gente que he conocido es genial y me he sentido en casa.

I: ¿Y tú cómo conociste ONGAWA?

L: Yo siempre había querido hacer cooperación, aunque al principio no lo llamaba así ya que no manejaba esos términos. Sabía que quería hacer eso, pero pensaba que no se podía hacer cooperación con una ingeniería. En el primer año de universidad los de la delegación de ISF (por entonces) en teleco hicieron un “pasa clases” donde nos contaron lo que hacían y que cada uno le dedicaba el tiempo que quería.
Pero era mi primer año… y como era hiper tímida no fui.

Luego empecé a cogerme asignaturas de cooperación donde había gente de la delegación de ISF, así que después de eso fui a una reunión,
en la cualvestaban organizando un concierto solidario para recaudar fondos para el terremoto de Haití. También se hizo un sorteo de una cesta de comercio justo para recaudar fondos y me ofrecí para ir a comprarla. Y así empecé. Al año siguiente estuve en el grupo gestor por Teleco (el grupo que coordina las delegaciones de universidad). Y al siguiente fui la presidenta de ONGAWA Teleco.

I: ¿Qué te motivó a venir a Perú?
L: En 2011 comencé a hacer el título de Experto en Cooperación para el Desarrollo que tiene la Universidad Politécnica de Madrid. Para este título teníamos que hacer unas prácticas, las cuales pueden convalidarse si se realiza un Proyecto de Fin de Carrera para el Desarrollo. La Politécnica tiene unas becas para hacer este tipo de PFC y poder viajar a países en desarrollo. Decidí solicitar esta beca y les dije a ONGAWA que quería hacerlo con ellos. Me hicieron una entrevista, me ofrecieron hacer un proyecto y supieron ver muy bien qué me iba a cuadrar. Vine, estuve 6 meses y me encantó estar acá. Me encantó como trabajan, poder viajar a Cusco y Cajamarca y conocer WILLAY a fondo en las primeras fases. Ahora han sacado esta plaza de voluntariado y aquí estoy, de vuelta en Perú.L: ¿Qué te motivó a ti a venir a Perú?

I: Yo llevaba tiempo queriendo viajar fuera de lo que ya conocía, fuera de Europa. Pero no quería ir como una viajera, quería ir a trabajar y ver cómo se vive y comprender las cosas más a fondo. La verdad que me apetecía venir con ONGAWA. Como estaba con el grupo TIC llevaba tiempo conociendo las cosas que hacen en Perú, y me llamaba la atención el conocer Perú pero estando aquí y viendo las cosas desde aquí. Cuando salió la plaza de voluntariado mandé el CV en seguida. Y aunque para esa plaza no les encajaba vieron que para este proyecto de C+D sí y aquí estoy, estamos. Es verdad que como tú dices saben ver cómo vas a encajar mejor y  me encanta lo que estoy haciendo aquí y lo que voy a hacer.

I: Y con tu paso antes y ahora en la vuelta qué diferencias has encontrado en Perú.

L: Hay varias diferencias. Yo conocía muy bien la parte de cómo se implementó la infraestructura de WILLAY en las primeras fases, que ya está terminada. WILLAY está ahora en la tercera fase y yo colaboro en la parte de incidencia y difusión. Esta vez lo conozco todo mucho mejor y tengo una visión más global. Otra diferencia, la más grande es que yo antes estaba haciendo el proyecto de fin de carrera y no era parte del equipo. Yo siempre me sentí siempre dentro, me invitaban a participar y aprendí mucho de cómo funcionan las cosas pero no estaba muy enterada de todas las actividades que hacían. Y ahora sí.

L: ¿Qué es lo que más te ha impactado? ¿Es lo que te esperabas?

I: La verdad es que no sabía muy bien que esperar de Lima. Venía con una imagen de qué esperar de fuera de Lima, y lo que me había contando de la ciudad. Así que no tenía una expectativa clara de la ciudad que es lo que conozco por ahora. No sé si el resto de Perú será como me lo espero o no, aunque según pasa el tiempo tengo menos claro cómo será salir de Lima. Lo que más me costó la primera semana en lo  que es vivir en la ciudad fue el ruido, es una ciudad muy ruidosa. Hay mucho tráfico y mucho ruido, y es lo que más difícil me hizo mi primera semana en Lima. Después de una semana ya empezaba a no notarlo tanto y después de un mes ya me he acostumbrado.

L: ¿Pero no te va a limitar?

I: No, no me va a limitar. Cuando me tengo que mover o coger las combis no me limita. Pero me supone un reto, porque cuando estoy cansada me agobia tanto ruido. Pero cada día lo noto menos, no pienso tanto en que hay ruido. La primera semana en la oficina me parecía que entraba mucho ruido por la ventana y segunda semana ya no me parecía que entrara tanto.

L: ¿Y qué tal con el equipo de Perú?

I: Pues genial, conocí a Marta en diciembre, y a Elvira por haber trabajado con ella y alguna reunión, y a ti. Entonces tenía algún contacto con parte de la oficina. Y bueno aterricé y entré en la oficina, y eso creo que fue una gran idea. Gracias Lucía! Porque desde el primer día estaba en el día a día dentro de la oficina. No tuve que empezar, sino que engancharme a lo que ya había. Además como había estado tres días en la oficina de Madrid trabajando ya en lo que era mi proyecto. Pues desde el primer momento me he sentido parte del equipo. La acogida ha sido muy buena y muy natural todo. No tengo sensación de haberme tenido que adaptar. Ya en la oficina de Madrid me sentía parte del equipo. Yo mentalmente ya estaba en la oficina de Lima.

Saludos desde Lima!

Inma y Lucía