Espero seguir aprendiendo y trabajando

Marta Calzado, voluntaria y socia de ONGAWA.

Llevo aquí  ya cuatro meses, la gente me decía antes de venir; ya verás que rápido pasa el tiempo y no estaban equivocados; parece tan cercano  ese primer día en el que aterrizaba en Nicaragua con mucha ganas e ilusión de colaborar un proyecto como este, una de los grandes sueños y metas  de mi vida.

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Desde que he llegado he estado trabajando en San Juan, una pequeña Comunidad con apenas recursos.  Mi trabajo ha estado centrado principalmente, en colaborar con los maestros y niños de la escuela.

Niños  que trabajan con tanta ilusión en todas las actividades que les proponemos sin poner pega ninguna y  que lo primero que hacen cuando has terminado alguna reunión o actividad con ellos es que preguntarte con esa gran sonrisa en la cara  ¿profe cuando volvemos a  quedar?

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Estos valores ya perdidos  en las escuelas de hoy en día dónde lo único que  piensan es en no ir a clase y en acabar cuanto antes;  sin  valorar el trabajo realizado por los maestros o  las persona que limpian o mantienen la escuela .Si solo por un instante miraran la realidad de otras personas que ni siquiera tienen agua limpia para beber en la escuela y a los que no les importa coger un trapo o una escoba  para limpiar su escuela ;  si vieran esto , se darían cuenta de lo afortunados que son, por nacer dónde han nacido y quizá se conseguiría que algunos de ellos lucharan porque todas las personas tuvieran acceso al agua y al saneamiento.

Además de trabajar con los alumnos y maestros he compartido muchos momentos con otras personas de las comunidades, de las ciudades y compañeros de trabajo para los que soy la “chelita”. Se ponen los pelos de punta el haber recibido tanta amabilidad, calidez de la gente de este país. Por mala pata me caí y tuve un esguince y nunca se me olvidara como la mujer del refugio se paso todo el día conmigo para que no estuviera sola o ver como otra persona de la comunidad se acerco a su casa a varios kilómetros de distancia para  traerme una crema además de ofrecerse  a acompañarme a mi casa. Eso si es solidaridad¡¡uno de los grandes  valores que estoy aprendiendo viviendo aca.

Espero de aquí a mi vuelta seguir trabajando  y aprendiendo  de este país que tanto me está ofreciendo y por supuesto seguir colaborando por cambiar las realidades de otras personas compartiendo mi experiencia.

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A ritmo de café pausado

Describir aquello que he conocido a lo largo de este mes no es tarea fácil. Ni siquiera describir lo que he sentido en este tiempo se hace sencillo una vez sentado frente al ordenador. Supongo que es por las cosas tan distintas que se pueden ver dependiendo del lugar donde te encuentres y de los sentimientos tan diferentes que puedes experimentar según fijes tu atención en una u otra cosa.

Llegar a una Managua anochecida que se deja reconocer a través de la ventanilla del avión, despertando todas esas inquietudes que dormían quién sabe dónde, sonriendo con la incertidumbre del que no sabe lo que le espera, pero que genera ilusión para regalar. Apenas unas horas de sueño y llaman a la puerta. Ahí está Ana, compañera española, con una maleta más grande que ella misma y una sonrisa de acogida, ya que a pesar de haber llegado más tarde que yo, lleva once meses a sus espaldas en este país. Escucharla contando historias de todo este tiempo aquí te hace darte cuenta de cómo este país marca. Es imposible dejar de pensar que en este tiempo, todo lo aquí vivido, le ha conferido un poco de ADN nica que estará marcándola para siempre. Aquel que le hará extrañar este lugar, sus colores, las maneras, sus gentes…

Los primeros días fueron todo preguntas. Era todo tan nuevo, tan diferente, que costaba imaginar que hace una semana estuviese en Madrid sofocado por el calor del verano. La acogida fue cálida. Todas y cada una de las personas del equipo hicieron que vencer la timidez y superar la desubicación de los primeros días fuese una tarea más que sencilla.

IMG_20150804_102804El proyecto que ONGAWA desarrolla en Nicaragua tiene su foco en el municipio de San José de Bocay, departamento de Jinotega. Aquí, entre cafetales y olor a naranja dulce, se trabaja construyendo sistemas de agua potable, nuevas unidades de saneamiento, implementando metodologías que consigan un cambio de hábitos en temáticas de higiene, procurando que el desarrollo agronómico respete los recursos naturales, y multitud de aspectos más. La sensación que tengo acerca del trabajo que aquí se desempeña es que todo lo relativo a él se magnifica. Cualquier decepción que surja desempeñándolo adquiere una relevancia especial, ya que sin duda, las ilusiones depositadas en él son grandes y el contacto con las personas hace que sea muchísimo más sensible. Sin embargo, los éxitos que se consiguen tienen una trascendencia especial, más allá que la obtenida desde un punto de vista puramente laboral. Conseguir un cambio en el que crees. Ese valor añadido de cambiar, aunque sea a pequeña escala, una injusticia a la vez que desarrollas tu vida laboral, creyendo en lo que haces y sabiéndolo correcto, es lo que más me hace admirar al equipo que aquí me encontré.

Porque vivir de cerca esto abre un poco los ojos y mucho la mente. Porque en este viaje tenía un compañero que perder en algún lugar. Tenía que perder ese sentimiento de superioridad moral que de vez en cuando asoma en nuestras formas de pensar cultivada en y para España. Y aprender de cómo aquí disfrutan del tiempo, de cómo solucionan sus problemas laborales, de cómo aún se mantiene esa humanidad y esa cercanía en el trato que habiendo vivido todos mis días en Madrid, no conocía ni de lejos. De que a pesar de todo, nunca hay que dejar de luchar ni de aprender.

Esto no ha hecho más que comenzar. Así que sigo con la maleta abierta para llevarme todos esos aprendizajes que sin duda harán, que a mi vuelta, no se me olvide que siempre hay tiempo para una conversación acompañada de una taza de café (aunque nunca sea tan bueno como el de aquí).

Un día en Nicaragua

Por ELEONORA BARONE

Las diez de la noche, llegamos a Managua y de repente el calor del trópico nos acoge!

La mañana siguiente cogemos el bus para llegar a nuestro destino final Jinotega, donde nos espera Rosa con su hermana para llevarnos a su casa!

Qué suerte estar alojadas en casa de Rosa y en una ciudad más al norte de Managua que nos regala un poco más de fresquito y un paisaje precioso de montes suaves que nos hacen intuir lo verdes que deben de llegar a ser en la temporada de lluvia.

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Jinotega es una ciudad muy bonita, asentada en un valle y rodeada de montes llenos de vegetación y plantaciones. Las casitas son bajas y coloradas y a cada lado una pulpería o una clínica dental….he he he…algo me dice que Nicaragua es el país con más clínicas dentales y más iglesias evangelistas que nunca haya visto!

La mañana es fácil despertarse a las 6.00/6.30, el sol ayuda!. Tenemos que estar listas para las 7.45 para que Don Carlos, el chofer, nos pase a recoger para llevarnos a visitar las comunidades rurales de La Breiera en San Rafael del Norte. El día empieza con aire fresco, desayuno de fruta y paseo en coche para la carretera del norte. Pasamos delante del lago de Jinotega, me encanta!

Llegamos a la comunidad a las 8.30 y paramos en la casa de Doña Josefa donde nos esperan tres mujeres de la comunidad para acompañarnos en el recorrido del día. Tenemos que entrevistar las personas de la comunidad de la Breiera y pasarles una encuesta para levantar datos respecto a la situación del agua y saneamiento y sus prácticas higiénicas.

Las casas son de madera con techos en uralita, las parcelas no muy grandes pero con bastante vegetación. A veces muchos animales, cerdos y gallinas, mayoritariamente. Muchos tienen agua potable, otros tantos tienen letrina aunque su estado no es bueno. Las mujeres participan poco en las encuestas pero destacan algunas amas de familia con más energía y capacidad de resolución de problemas que todas nosotras juntas. La simplicidad de la vida que conducen y de los hogares donde viven no impiden una acogida hospital y el ofrecimiento de algo de beber o de algo de fruta o café. Muchas sonrisas, algunas dudas, muchas esperanzas. Pocos los reacios a participar y por lo general mucha aceptación de ONGAWA, lo cual nos hace sentir que el trabajo de años tiene sus frutos.

Las horas pasan y el calor aumenta, pero nos quedan unas familias por visitar. Las mujeres que nos acompañan son muy colaborativas no obstante tengan muchas más cosas que hacer en su casa que aquí dando vueltas por la comunidad! Increíble su energía y sus ganas de mejorar las cosas! Don Carlos nos espera sonriendo al final de la mañana, son las tres, por hoy es todo! Me muero de hambre….he he he he…pero hemos comprado unas galletas en la panadería de al lado de casa de Rosa, que repartimos entre todas!

Volvemos. Ahora toca preparar la siguiente visita y ordenar los datos recogidos. Todavía nos queda trabajo!

Equipo!

Por la noche vamos a cenar en el restaurante el Olivo, nuestro favorito! Hablamos y hablamos y hablamos…de todo y de más….imaginaros Rosa, Raquel y yo, cenando en el fresquito de la noche delante de una carne asada y unos riquísimos tostones!

Los que más me ha gustado:

Las charlas con Rosa, su visión del mundo, sus cuentos de las historias de Jinotega y su pasión por la vida, por las personas y como no, por cambiar el mundo! La gente de las comunidades rurales, las dificultades en su día a día y la alegría que estaba estampada en sus sonrisas; El paisaje y la cultura, otro mundo, otra comida, otra energía para llenar ojos, oídos y corazón; Los tostones y la fruta; El trabajo en la oficina y la participación en los proyectos juntos con los técnicos de ONGAWA; Los buses americanos que cogíamos para desplazarnos en el país donde se mezclaban risas, gente de pie apretada, mujeres pasando con comida, calor, aire fuerte que entra por las ventanas y te deja los ojos secos, niños guapos y el tipo de la compañía recogiendo dinero con calma…el paisaje entra y sale del vidrio, el calor te envuelve, todos somos iguales!; Mi compañera de viaje, una persona maravillosa sin la cual la experiencia no hubiera sido la misma. Un tándem perfecto tanto en el trabajo como en el viaje.

Creo que nos hemos ganado el nombre de TODO TERRENO!

Viva!

De vuelta de Nicaragua, Madrid – Managua, Managua-Madrid. Un antes y un después!

POR ELEONORA BARONE

Apoyar desde España en los proyectos de cooperación es algo que abre frentes de diálogos con los equipos en terreno y preguntas respecto a la manera de actuar y de gestionar las relaciones de este tipo. Se crece tanto personalmente como profesionalmente. La posibilidad de poder participar en estos proyectos, tanto por la calidad de las intervenciones como también por la complejidad de las mismas es una oportunidad y una experiencia muy bonita.

Aún así ir a terreno es algo que los voluntarios deberían hacer en algún momento. La realidad es otra respecto a la que una se imagina y el poder vivir en el país y apoyar en el trabajo desde las oficinas de allí pudiendo visitar comunidades rurales y saboreando las necesidades y problemáticas en campo es algo que ni se puede describir. Todo lo que habíamos estado haciendo en estos años de repente tiene otro color y otro sabor….se hace realidad delante de nuestros ojos.

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Los intercambios facilitan la trasmisión de saberes y la colaboración en todos los sentidos, no solo profesional. Son necesarios y permiten que se mantenga un vinculo fuerte entre el aquí y el allí! No solo se conocen las problemáticas de los proyectos y se tiene una visión mucho más precisa de los mismos, sino que también el relacionarse con las personas del país hace que se establezcan unos vínculos personales que ayudan a que haya una colaboración con ojos y caras, mucho más fuerte y con más implicación por ambas partes.

Así que a la vuelta tenemos mucha más capacidad de poder coordinar el grupo de voluntarios de Agro y mucha más energía y ganas de seguir apoyando. Como voluntaria agradezco muchísimo a ONGAWA y a todo el equipo, tanto de aquí como de allí, que me haya regalado este lujazo de poder ir a terreno y poder conocer y apoyar!