Mi viaje a terreno

Isabel García de la Cruz estudiante del Grado en Ingeniería de Tecnologías y Servicios de Telecomunicación de la UPM y voluntaria de #GlobalChallenge

Escuché hablar de realizar el Trabajo Fin de Grado (TFG) en cooperación por primera vez en un curso de ONGAWA que ofertaban en la Universidad Politécnica de Madrid. Nos contaron que algún@s compañer@s suyos lo habían realizado y que, aunque era difícil que te seleccionaran, no imposible. Por ello, se convirtió en mi objetivo. Me gustaba la rama más social de la tecnología que es implementar herramientas TIC en un contexto social adecuado a las características de las personas.

Y así fue, dos años después estaba yéndome a Lima dejando a amigas y familia en el aeropuerto para empezar la aventura de Perú donde realizaría mi TFG con ONGAWA. Estuve una noche en Lima y al día siguiente me embarqué hacia la región de Huancavelica, donde estaba mi destino final, Anco. Un distrito muy pequeño de la región andina del Perú con aproximadamente 6.000 habitantes. Mi TFG iba a consistir en realizar una documentación y un análisis de sostenibilidad de una herramienta TIC que había sido instalada en Anco para llevar a cabo un monitoreo de la calidad del agua a través de SMS.

Aquí trabajo con los desarrolladores del sistema para su documentación y con las comunidades del distrito de Anco para su correcta implantación en la sociedad y después hacer el análisis de sostenibilidad. La parte técnica del sistema la he disfrutado y he podido aprender muchísimo, sin embargo, lo que me llevo de la experiencia es el trabajo en comunidad. He valorado cada instante y detalle que me han regalado. Ha sido muy valioso ir a los talleres, despertarme a las 4 de la mañana para subir a comunidades y ver que el ritmo en estas zonas es diferente. No tienen prisa y hay que aprender que no podemos ser locomotoras y adaptarse al ritmo.

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Me llevo a Serafina, presidenta de la comunidad de Pampaspata, quien sale en la fotografía y también quien me ha hecho sentir como en casa cada vez que subía a su comunidad, aproximadamente a 3.000 metros de altitud. Me llevo a cada persona de los talleres, a las madres que acudían con sus hijos e hijas, a esos niños y niñas que me miraban como la gringa (extranjera) que soy para ellos y ellas y que me saludaban con un “hello” porque pensaba que no hablaba su idioma. La vida en estas comunidades es increíble y está llena de sabiduría. Tienen unos índices de pobreza muy altos, sin embargo, tienen mucha riqueza en cultura y costumbres que realmente admiro. No beben agua de calidad pero está empezando a haber cambios y se espera que a medio o largo plazo, los cambios lleguen a asentarse.

La experiencia está siendo muy enriquecedora, aún me queda mes y medio en el que voy a dar apoyo en más proyectos que se desarrollan en Anco, como un curso de alfabetización digital o la documentación de más herramientas TIC. El tiempo pasa demasiado rápido y hay que aprovecharlo al máximo.

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Un comentario en “Mi viaje a terreno

  1. Es maravilloso saber que el trabajo de los cooperantes de las ONG llega de verdad a los lugares que más lo necesitan.
    Admirable.

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