LA SOLEDAD DEL MZUNGU

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Iván Marquina, voluntario del Programa de voluntariado institucional de empleados públicos de Castilla y León

 

Mzungu no significa solo hombre blanco, vale para cualquier extranjero, y su sentido último es referirse a aquel“que viaja siempre, que va de un lado a otro en solitario, que no se está quieto en ningún lugar” *.

Llevaba unas semanas nervioso, pendiente de dejar todo bien atado: seguro médico, planning de voluntariado,  cambio de moneda…  y que no faltara de nada en mi equipaje: camiseta de manga larga, batería de repuesto, trípode, crema de sol,…

Pero en  cuanto llegué al aeropuerto de Dar es Salaam y me di cuenta deque mis maletas no habían llegado, no pude sino sonreírme,y entonces me relajé.

Los africanos están preparados para lo imprevisto y acostumbrados a lo inesperado. En esto son diferentes de los blancos, que en gran medida se esfuerzan en precaverse contra lo desconocido y de los asaltos del destino”**

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¿Qué dicen esas miradas?

Al poco me adentré en la cantinela de saludos y contrarréplicas existentes: “Habari?” “Nzuri”.Un mantra dotado de diversas variantes: “Mambo?” “Poa”, que inicialmente no entendía: ”Salama?”, “Safi” y que, intercambiables, parecían no tener fin, enlazándose unos con otros: “Hujambo?”, “Sijambo”, al menos que uno tuviera la voluntad de romper la letanía.

Venia cargado de una mochila llena de juegos: canicas, cartas, damas, tizas, bolos,… que me permitieran superar fácilmente la barrera lingüística y entrar en contacto con la gente a través del juego.  Aunque no contaba con las dificultades que determinados colectivos presentan para encarar juegos donde la suma es necesaria, la idea ha funcionado.

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Niños volcados con el juego de “el Triángulo” con canicas.

El primer día que fui a las aldeas entendí porqué me decían que “iba  a ser la jirafa”, desde todos los lados se me veía. Algún niño incluso se echaba a llorar al verme, y nadie perdía la oportunidad de llamar mi atención: “mzungu”.

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Todos esos niños iban a estar mirándome en breve

Era un lujo para mi poder conocer de primera mano, gracias a ONGAWA, la vida de una comunidad mediante la grabación de  entrevistas a sus principales agentes, encargados de la gestión del agua, de los bosques, de promover alternativas económicas en la zona (jengibre, mariposas)….

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Asistencia a una asamblea

Estas comunidades están  alejadas dos horas en todo terreno de la población cabecera del distrito, y que tienen unos servicios “básicos” de educación y sanidad, a razón de 80 niños por aula y un hospital carente de equipamiento alguno. La pobreza no se ve, se presiente.

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Entrevista a un usuario de los proyectos de agua y saneamiento

Y te preguntas cómo es posible que coexista con ese lodge costero, paraíso terrenal de  aquel que posee dinero suficiente para pagarlo:  mzungus.  Y te enzarzas, con tanzanos angloparlantes, en conversaciones que te llevan a un callejón sin salida, preguntándote como es posible que por el precio al que pagas un aguacate en España aquí puedes hacerte con más de dos kilos. Y acabas cuestionándote para qué sirve todo esto, y tratas de pensar que sirve para algo…

Si acaso la colonización ha terminado, Tanzania pasó a ser independiente en 1961, la globalización económica sigue haciendo estragos a favor de los poderosos.

Los supermercados están vacíos, y los pocos productos manufacturados son caros, de fuera y  de muy poca calidad. Los mercados son más coloridos, pero ofrecen lo que ofrecen.  La tortilla españolatanzana, la chipsi mayai, viene a mi auxilio cuando ya no me entra más arroz y no puedo con el ugali.  Un paquete de espaguetis es lo más a lo que puedo aspirar y le pongo plátano a todo.

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Ugali, con col y carne

En fin,  vagaba yo una noche sin rumbo, “perdida la capacidad de estarse quieto y debiendo aprender en silencio de la vida salvaje antes de que esta me aceptase”**, fui atraído por los taxistas a sentarme con ellos y rápido el juego surgió. Decidí entonces invitarlos a tomar una cerveza para no estar solo viendo el concierto que escuchaba.

Manteníamos  una interesante discusión sobre ser blanco o negro, distorsionada  por los decibelios del local  y tres Serengueti de medio litro,  cuando  el más alto, de origen masai, se acerco a mí y me dijo: “No te preocupes, para mí no eres un mzungu, eres Iván”.

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Iván dando una clase de fotografía

Cuando me llevó a casa decidió no cobrarme, desconozco si tenía oscuros intereses futuros, pero consiguió que dejara de sentirme solo como mzungu, aunque fuera por un momento.

LECTURAS

*”El sueño de África”, Javier Reverte.

** “Memorias de África”, Karen Blixen.

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