No solo de pan vive el hombre

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Mujeres caminando cerca de Lugulu, en las montañas Pare

Hapa kazi tu, Aquí solo se trabaja. Este es el lema del nuevo presidente de Tanzania desde las elecciones de octubre, de las que siempre guardaré un grato recuerdo por haber vivido un lanzamiento de gas lacrimógeno mientras realizaba el siempre subversivo acto de comprar pan en una tienda. Y no le falta razón. En Tanzania se trabaja mucho, dentro y fuera del trabajo, porque la vida aquí es dura de pelar. No digamos ya si eres una mujer, auténticas heroínas cargando leña, agua y niños, cuidando el huerto, cocinando y lavando la ropa de toda la familia a mano. Y por si fuera poco, lo más difícil de cargar es lo que nunca se quitan de encima, la sonrisa de oreja a oreja.

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Mujeres lavando la ropa en un río cerca de Kanza, en las montañas Pare

Como yo no estoy al nivel de estas guerreras, además de trabajar tengo ratos libres, y durante mi estancia en Tanzania estoy conociendo lugares maravillosos. Los que me conocen bien saben que el motivo para venir a África no era viajar. Ni tampoco búsqueda de aventuras exóticas. Y mucho menos hacer turismo. Aunque todo eso llega, tarde o temprano, viviendo una temporada por aquí  y moviéndote en un entorno de no-africanos. Nunca me he sentido cómodo como turista pero es que aquí ha sido especialmente desagradable serlo.

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Casa en construcción en Kanza, en las motañas Pare

¿A qué me refiero? Mi día a día es muy parecido al de un tanzano de clase media-alta. Vivo en una casa decente, con agua cerca y con gas para cocinar. No tengo coche, por lo que me muevo casi siempre a pié o en bus. Mi compra principal la hago en el mercado dominical aunque puedo permitirme lujos como la leche o el agua embotellada. Pero un buen día cruzas una puerta y sales de este ambiente para hacerte turista. Piscinas, comidas occidentales, duchas de agua caliente, todo lleno de extranjeros. Y al otro lado de la valla la vida real del país. Nunca había vivido tanto contraste en tan poca distancia.

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Elefantes en el Parque Nacional de Tarangire

Si uno quiere conocer los Parques Nacionales de Tanzania, hay pocas alternativas, debes contactar con una agencia y pasar por el aro del turismo de alto nivel.  Es el peaje. Pero  conocer estos paraísos naturales merece mucho la pena. He tenido la suerte de poder visitar tres de ellos: Tarangire, Ngoro Ngoro y Mkomazi. Paisajes que cortan la respiración donde palpar la pureza de la vida salvaje en todo su esplendor. Sentir que eres un mero invitado en territorio animal. Increíble.

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León joven oteando el horizonte en la Zona de Conservación de Ngoro Ngoro

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Vista de la sabana del Parque Nacional de Mkomazi

Pero no todo son safaris, y para conocer el resto de secretos de Tanzania hay otras vías. Así, manejando lo justo de Swahili y con muchas ganas de divertirse, se puede viajar a nivel local. Buses en los que eres el único extranjero,  y que nunca están lo suficientemente llenos, para llegar a lugares perdidos. Y allí negociar con los taxistas para llegar a donde los buses no llegan. Puede que no llegues a la hora esperada. Incluso puede que no llegues al sitio esperado. Pero todo el viaje será una bonita mezcla de risas, malentendidos y cultura africana. De este modo he conocido el lago Nyumba ya Mungu o las playas de Pangani.

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Estrella de mar prestada del fondo del océano Índico, en Pangani

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Pescadores saliendo a fanear durante el amanecer en Pangani

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Barco de vela llegando a un banco de arena en Pangani

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Niños a orillas del lago Nyumba ya Mungu

También en el trabajo tengo que lidiar con el turismo. ONGAWA está implantando en esta zona el proyecto Sustainable management of Chome Nature Reserve. Como ya comenté hace tiempo, Chome es un bosque húmedo catalogado como reserva natural en el corazón de las montañas Pare. Se encuentra verdaderamente amenazado debido a las actividades que realizan las comunidades colindantes para su sustento, tales como la  minería o la tala de árboles. Por ello se están dando alternativas de ingreso económico, y entre ellas está la de fomentar un turismo sostenible y que involucre a las comunidades. Para llevarlo a cabo se está construyendo una pequeña oficina que sirva para recibir visitantes, financiada por ONGAWA y cuyas obras estoy ayudando a supervisar.

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Trabajo en la obra del nuevo centro de visitantes de la reserva natural de Chome

Hace poco pude conocer desde dentro la reserva de Chome. La falta de turismo, que se quiere combatir, hace que sea un lugar extremadamente virgen. Árboles centenarios se enredan en un bosque frondoso donde solo se escucha el crujir de ramas bajo tus pasos o el cantar de algún pájaro exótico. Cada bocanada parece quitarte años de encima, como si el bosque quisiera agradecerte la visita regalándote un poco de su vigor. Nunca había estado en un sitio tan intacto ni respirado un aire tan puro. Ojalá más y más gente pueda conocer este lugar, respetarlo y conservarlo. Porque Chome rezuma pureza y exuberancia por todos sus costados, llevando el espíritu de las montañas Pare a su máxima expresión.

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Seta en el lecho del bosque de la reserva de Chome

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Vista del interior del bosque húmedo de la reserva de Chome

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Vistas desde el pico Shengena, dentro de la reserva de Chome, el punto más alto de las montañas Pare

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