Diario de dos chelitos (en plan cooperativo, que sabe mejor)

Jinotega, domingo 1 de noviembre. 7 pm.

Clarita, potencial ingeniera agrónoma que quiere seguir cultivándose, dejando semilla en Nicaragua, pero con raíces en Alcalá de Henares. Dos meses en terreno y sigue confiando.

Quiquito, ingeniero de caminos con ganas de, por fin, hacer camino. El suyo. Tres meses en terreno y 26 años de cinismo. Pero qué bien “llevaos”.

fotoClaraQuique1

Quique: ¿Un aprendizaje de este tiempo, Clarita?

Clara: ¿Sólo uno? Eso es muy difícil de contestar. Me resulta complicado porque siento que día a día, entre el trabajo de campo, el trato con los compañeros y el simple hecho de estar en este país tan diferente, suponen un aprendizaje continuo.

Quique: Pero eso no es una respuesta. ¿No te puedes mojar un poco más?

Clara: He aprendido a cambiar de ritmo. ¿No te da la sensación de que en este lugar hay una especie de tranquilidad que hace que las cosas se vean de otra manera?

Quique: Sí, algo así. No sé si lo llamaría tranquilidad. Quizás sólo sea una forma de actuar propia de esta gente, mucho más relativa, mucho más acompasada a la velocidad que de verdad quieren ir. Sabiendo que el que corre rápido, no suele llegar al final. Como dice mi hermana, “vamos despacio, porque vamos muy lejos”.

Clara: Así es, el otro día en los Molejones para hacer una entrevista estuve más de media hora. Era una encuesta que en diez minutos se podría haber hecho, pero no se habría hecho igual de bien. Antes de empezar hay que presentarse, momento en el que te suelen preguntar muchas cosas de España con gran interés, “y allí ¿hace mucho frío?, ¿no se cultiva el café?” y poco a poco empezamos a hablar de los beneficios húmedos.

Quique: Nosotros tenemos que seguir aprendiendo muchas cosas, pero sobre todo, desaprendiendo otras tantas. Seguir con la mente abierta, más abierta que nunca. Para llegar a entender que no todo tiene una explicación o que no todo tiene nuestra explicación. En eso que hablamos es donde más se nota lo que digo. El poder de una conversación, de una charla, de algún gesto de empatía, que pueden cambiar una actividad y una reacción de la gente, predisponiéndola a escuchar aquello que era el objetivo principal. Y el enriquecimiento que para todas las partes hay en ello, escuchar y ser escuchado, aunque no hablemos de sistemas de agua o de beneficios de café. Por cierto, ¿qué opinas de las personas con las que estás trabajando en las comunidades?

Clara: ¡Cuánta razón Quique! Pues la gente de las comunidades es bien sencilla. El otro día una niña que solo había visto un día me recibió con un abrazo y una gran sonrisa. Son muy agradecidos y tienen gran curiosidad por conocer cómo vivimos los chelitos y qué nos mueve a venir aquí. No dudan en sacarte un cafecito o un juguito en cuanto llegas. Con las personas que yo más trato son agricultores y agricultoras que aceptan de muy buen grado que venga gente extraña a contarles que la forma que tienen de manejar sus cultivos debe cambiar, y que son responsables de mantener sus recursos, el agua y el bosque para frenar en la medida de lo posible el cambio climático. En España cuando le hablas a la gente de la responsabilidad que tienen en este tema suelen pensar “¡Ya estamos otra vez! qué pesada… a mi déjame tranquilo…”

Quique: En realidad, no se trata de decir qué es lo bueno y dónde lo es. Pero es cierto que el componente de “sociedad” cada vez influye más y por tanto esas diferencias que vemos sí que deben tener un componente social, una diferencia entre las idiosincrasias de los pueblos que a una persona como yo, que nunca antes se había sumergido tanto en una cultura diferente, le sorprende, y mucho. Valores perdidos en España, valores que están por llegar acá, valores que están por llegar a todos los rincones del mundo. A mi desde que llegué me sorprendió el inconformismo que llevan casi todas las personas con las que hablas, las ganas de crecer, de seguir, de no resignarse a un futuro que no quieren. La satisfacción que se llega a sentir cuando te cuentan alguna historia de crecimiento personal de alguna persona y la demostración de que queda esperanza.

Clara: Entonces Quique… ¿Cómo piensas que se debe seguir trabajando para que crezca esa esperanza?

Quique: Creo que son muchas cosas las que quedan por hacer. Hay que seguir removiendo las conciencias para dejar de dar por hecho cosas que hasta ahora teníamos por dogmas inamovibles. Pero sobre todo, más que en las cosas que hay que hacer, creo en quien las debe hacer. Y en ese sentido, vosotras, las mujeres, deberíais ser la auténtica revolución de este tiempo. Hacer un mundo más femenino y feminista. Más justo y sencillo, más matriarcal y más dulce. Para, como digo, romper los dogmas de supremacía que llevamos todos y todas tan metidos. Pero, como mujer, tu opinión es más “real” que la mía. ¿Cómo ves a la mujer nicaragüense?

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Clara: La mujer nicaragüense es una mujer fuerte y trabajadora. Pero está muy sometida a los hombres, sobre todo en las comunidades. Primero por su padre o hermano, luego por su marido. Tienen opinión propia que merece ser escuchada, estas mujeres tienen mucho que decir pero su poder de decisión es escaso y sus ideas no son muy consideradas. A pesar de esto no todo es tan negro, la mujer nicaragüense va ganando su espacio. ¡En nuestro equipo son las jefas! Y en las comunidades ya ocupan cargos de responsabilidad. Es una carrera de fondo llena de obstáculos que acabaremos ganando.

Perdón por las divagaciones compañeras,

Clarita y Quiquito.

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